martes, 14 de septiembre de 2010

¿Sabía usted que Charles Chaplin era Gitano?

12 Septiembre 2010

charles-chaplin

Por Juan Claudio Álvarez
Tomado de
Unión Romani

¿Sabía usted que Charles Chaplin era gitano? El famoso actor inglés, que dio vida al memorable Charlot, convirtiéndose en un imprescindible para los amantes del cine, era hijo de una cantante de cabaret -gitana- y de un actor de la misma etnia.

Hasta donde se ha logrado saber, este misterioso pueblo al que no sólo debemos a Chaplin sino que a toda una larga lista de artistas y otros personajes relevantes de la cultura, llegó a Europa desde el Norte de la India, específicamente de la región del Punjab y el Sinth, huyendo de las conquistas musulmanas y las invasiones mongolas.

Al cruzar Persia, los inmigrantes procedentes de distintas tribus se casaron y unieron entre sí, dando origen al pueblo Dom o Rom. A medida que el tiempo pasó, fueron evadiendo las hambrunas, los hunos, las guerras y persiguiendo, al mismo tiempo, el anhelo de encontrar un lugar donde establecerse. Fue el surgimiento de un pueblo nómada, cuya bandera tiene en el centro una rueda roja que simboliza los carros sobre los que solían desplazarse. Es posible que, en busca de un clima soleado, atravesasen el Bósforo para establecerse en el sur de Grecia o pequeño Egipto , y es incluso factible que el primer territorio europeo pisado por este pueblo haya sido Corfú.


Desde allí, se fueron extendiendo por toda Europa. Al llegar a la Península Ibérica, se identificaron como provenientes del pequeño Egipto. Alfonso V de Aragón les da un salvoconducto para cruzar su reino, y desde entonces se les comienza a conocer como egiptanos, antecedente inmediato de la palabra castellana “gitano”. Ellos a sí mismos se dicen Romà, en su propia lengua, el romanò.

Al principio, fueron bienvenidos en las tierras ibéricas. Incluso en Andalucía, llegaron a integrarse de tal manera que gran parte de su música y su tradición literaria - siempre oral - dio origen a formas castellanas que hoy en día se consideran la quintaesencia de lo Andaluz. Palabras tan castizas como chaval provienen del idioma romanò. Sin embargo, la generalidad de Europa les comienza a mirar con malos ojos: no les pueden controlar, vagan de un lugar a otro y pronto comienzan a transformarse en el chivo expiatorio de los crímenes que pudiesen cometerse mientras ellos estaban de paso. Ya en ese tiempo, aparece la leyenda de que los gitanos raptan a los niños - o, peor aún, que se los comen.


De todo ello, surge un extraño argumento literario que consiste en el rapto del hijo (o hija) de un noble, que se cría entre gitanos pero que, finalmente, logra ser reconocido en algún momento por su progenitor, generalmente gracias a que el mentado heredero tiene ciertas características en su forma de ser que le hacen distinto a la chusma con la que pasa sus días; esencia que, a su vez, han intentado los raptores doblegar por todos los medios, sólo para ver sus esfuerzos reducidos a un sonado fracaso. El raptado no sólo parece un noble sino que, efectivamente, es un noble. Suponer lo contrario sería subversivo, y aceptar que alguien que no es un noble pueda, asimismo, parecerlo y actuar como tal con toda la naturalidad que brinda la autenticidad, implicaría una igualdad de facto entre la sangre plebeya y la sangre azul.

El primero en explotar este último argumento, es Víctor Hugo en Nôtre Dame de Paris, novela que, seguramente, muchos conocen de pasada por la versión edulcorada - y con final feliz incluido- que produjo la factoría Disney. En el original, la gitana Esmeralda descubre que es hija de una prostituta; la chica es devuelta por los gitanos a su mundo como una mujer honorable que, finalmente, muere por culpa de la lascivia de un representante de la alta sociedad - un malvado archidiácono. El libro, con jorobado incluido, resultó ser un escándalo para la época.


Igualmente, Sir Arthur Conan Doyle da un tratamiento ennoblecedor a este pueblo vilipendiado, en su novela The Speckled Band. Allí, muchos de los personajes muestran abiertamente prejuicios anti romaníes. En la obra, se produce una muerte en extrañas circunstancias y todo el mundo culpa a los zíngaros del deleznable asesinato. Finalmente, Sherlock Holmes encuentra al culpable (que resulta ser un miembro de la muy honorable sociedad británica) y, de paso, lava la manchada inocencia de un grupo humano que ha sido injustamente acusado.

No obstante, son muchos y, quizás demasiados, los ejemplos de aquellos que se hicieron eco del prejuicio, sin darse la molestia de probar el principio sobre el cual cimentaban su historia. Recurriendo la consabida técnica retórica de “… como ya todos sabemos“, daban por cierto el estereotipo de una manera tan natural y tan segura, que ni el genial Cervantes logró librarse de ello, utilizando en varias oportunidades el recurso dramático de infundir preocupación por puertas inseguras, o ventanas abiertas, ya que había gitanos acampando en las afueras del pueblo.


El resultado de todas estas historias, mejor o peor contadas por escritores de profesión o por alcahuetas de barrio, y repetidas hasta la saciedad a lo largo de casi seiscientos años, es la conformación de una estructura rígida desde la cual se hace muy difícil, por no decir imposible, salir. Un gitano que busque trabajo o pertenencia en un grupo que no es el suyo, lo tiene muy difícil - precisamente porque, al ser gitano, se le suponen una serie de atributos: ladrón, charlatán y mentiroso podrían encabezar la lista, seguidos de desordenado, sucio y bueno para armar la fiesta.


El resultado será, por lo general, que la persona en cuestión se quedará sin poder acceder a trabajo o redes sociales más amplias, y muchas veces tendrá que recurrir a la mendicidad para lograr subsistir - o al robo, si la necesidad aprieta. Y como sin dinero no hay moda que se nos plazca en arreglarnos la figura, es muy probable que acaben por vestir de una manera que a ciertas personas con la nariz demasiado respingada les parecerá desordenada o sucia.


Por otra parte, comparte este grupo social características comunes a todos los grupos y etnias marginales y excluidas del mercado social y laboral oficial: altas tasas de alcoholismo o drogadicción; una frustración enorme que acaba por manifestarse en violencia u otros trastornos de la conducta social; una autoestima por los suelos, que aniquila cualquier atisbo de esperanza y que conforma una imagen personal deplorable, labrada en los miles de momentos en que, por simple comparación, pudieron concluir que ellos no estaban “dentro” del grupo que siempre remataba todas las fiestas bailando con la más bonita. En resumen: abulia, desesperanza y embriaguez. Al menos, entre borrachos nadie les discriminará. Basado en estos estereotipos e imágenes socialmente construidas a lo largo de siglos, Hitler los metió en campos de concentración, y los gaseó e incineró junto a judíos y homosexuales.

Como colofón, una cosa aún peor: tal pareciera que no sólo son gitanos los gitanos. Todo lo que acabo de exponer se ajusta como un guante, por ejemplo, a la realidad mapuche. Dicho sea de paso, ¿cuántos de los lectores de este artículo sabrán que el Estado de Chile tuvo, a finales del siglo XIX, una política expresamente dirigida a alcoholizar al pueblo mapuche, con tal de facilitarse el trabajo de ir poco a poco reduciéndolos a comunidades cada vez más pequeñas y, al mismo tiempo, ir quitándoles sus tierras y socavando su resistencia mediante la atomización de su tejido social? ¿Sabían, acaso, que el Nguillatún nunca incorporó el alcohol, y que éste fue un agregado del hombre blanco, para poder embrutecerles y facilitar el engañarles en los tratos que se celebraban?

Un agregado, y con esto ya quiero concluir: muchos de nosotros, sabiéndolo o no, desde nuestro rol de escritores, hemos acabado por apuntalar los prejuicios sobre los gitanos, los mapuches y todo el resto de la humanidad. ¿No ha pensado acaso, estimado lector o simpática lectora, que quizás sea Usted un gitano o una india indeseable para más de alguno que le esté mirando en este momento?


Y, ya lo podemos verificar en la historia, dará igual si es usted realmente indio o gitano porque, para nombres, ya podemos regodearnos: momios, comunistas, vende patrias, antirrevolucionarios, judíos, machorras viciosas, maricones degenerados, inmigrantes extracomunitarios, negros asquerosos, catalanes agarrados, vascos separatistas, palestinos asesinos, mujeres adúlteras, musulmanes islamistas, cristianos infieles… Basta con que esté usted en el bando equivocado en el momento menos oportuno, y que quien la haya agarrado con el grupo al que usted pertenece, tenga el suficiente poder como para no sólo querer borrarle de la faz de la Tierra, sino que proceda efectivamente a aislarle, deportarle, ejecutarle, gasearle o incinerarle, siempre justificando estas atrocidades como necesarias para garantizar la supervivencia de la sacrosanta civilización encargada de hacer la limpieza de tal detritus humano.


Agreguemos, por otra parte, que podemos afirmar sin temor a equivocarnos que, si bien puede haber algún culpable de algún delito menor entre los deportados, estoy seguro de no habrá ninguno inculpado en las estafas millonarias que han significado que Europa y todo el Hemisferio Norte se encuentre, en estos días, con la soga al cuello producto de la crisis económica sembrada por Bancos, Constructoras e Inmobiliarias.

Había pensado en dedicar mi artículo de hoy a revisar y comentar un gran poema de Paul Valéry, El Cementerio Marino. Mas, prefiero honrar con estas líneas de amargo recordatorio y denuncia a este poeta francés que se negó a prestar sus manos al régimen colaboracionista de Vichy en la II Guerra Mundial -que deportó a judíos, gitanos y homosexuales a los campos de concentración del Tercer Reich- y que luchó contra los nazis desde la Resistencia, hasta su muerte en 1945. Frente a la actual política francesa de expulsión de los gitanos rumanos, se le caería al poeta la cara de vergüenza. Los gitanos rumanos volverán a su Rumania de origen, pero allí no lo tendrán mejor. Se les tratará, en el mejor de los casos, como ciudadanos de segunda o tercera categoría -siendo, en todo derecho, ciudadanos europeos- y serán recluidos en ghettos miserables, verdaderos basureros infestados de ratas. ¿Se les acusará ahora de querer huir de las infecciones y de querer satisfacer esa mala costumbre que consiste en llevarse un pan a la boca todos los días? Todo esto, frente a la inacción de la Unión Europea - a la que Francia y Rumania pertenecen.

Quizás nos haga falta recordar que, así como Chaplin y muchos más, los gitanos, los mapuche y todos los pueblos que conforman el género humano deben luchar por sacarse de encima las tristes fotografías con que el poder intenta ocultar su dignidad y presentar como ofensa su derecho a realizarse plenamente, para entregar al mundo toda la riqueza que, desde siempre, ha habitado en el fondo de sus almas.

Demasiado tiempo nos han engañado con todos estos cuentos de pésima literatura, para distraernos o justificar las ganancias y bajezas de los de siempre. Y además, y por otra parte, acaso nos haga falta recordar a nosotros, los que hacemos uso de la palabra, que también tenemos una responsabilidad social que asumir en la lucha por un mundo más justo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Presentamos una colaboración que nos remite Manuel Aguilar, estudiante de Derecho de la Unal, animador de un grupo de trabajo interesado en los temas interdisciplinarios, y la filosofía contemporánea. Ahora es un escrito del cantautor cubano Silvio Rodríguez el que nos comparte. N de la R.

Invitación

Segunda cita


Creo que la Revolución Cubana dignificó a nuestro país y a los cubanos. Y que el Gobierno Revolucionario ha sido el mejor gobierno de nuestra Historia.

Sí: antes de la Revolución La Habana estaba mucho más pintada, los baches eran raros y uno caminaba calles y calles de tiendas llenas e iluminadas. Pero, ¿quiénes compraban en aquellas tiendas? ¿Quiénes podían caminar con verdadera libertad por aquellas calles? Por supuesto, los que "tenían con qué" en sus bolsillos. Los demás, a ver vidrieras y a soñar, como mi madre, como nuestra familia, como la mayoría de las familias cubanas. Por aquellas avenidas fabulosas sólo se paseaban los “ciudadanos respetables”, bien considerados en primer lugar por su aspecto. Los harapientos, los mendigos, casi todos negros, tenían que hacer rodeos, porque cuando un policía los veía en alguna calle “decente”, a palos los sacaban de allí.

Esto lo vi con mis propios ojos de niño de 7 u 8 años y lo estuve viendo hasta que cumplí 12, cuando triunfó la Revolución.

En la esquina de mi casa había dos bares, en uno de ellos, a veces, en vez de cenar, nos tomábamos un batido. En varias ocasiones pasaron marines, cayéndose de borrachos, buscando prostitutas y metiéndose con las mujeres del barrio. A un joven vecino nuestro, que salió a defender a su hermana, lo tiraron al suelo, y cuando llegó la policía ¿con quién creen que cargaron? ¿Con los abusadores? Pues no. A patadas por los fondillos se llevaron a aquel joven universitario que, lógicamente, después se destacaba en las tánganas estudiantiles.

Ahí están las fotos de un marine meando, sentado en la cabeza de la estatua de Martí, en el Parque Central de nuestra Capital.

Eso era Cuba, antes del 59. Al menos así eran las calles de la Centrohabana que yo viví a diario, las del barrio de San Leopoldo, colindante con Dragones y Cayo Hueso. Ahora están destruidas, me desgarra pasar por allí porque es como ver las ruinas de mi propia infancia. Lo canto en “Trovador antiguo”. ¿Cómo pudimos llegar a semejante deterioro? Por muchas razones. Mucha culpa nuestra por no haber visto los árboles, embelesados con el bosque, pero culpa también de los que quieren que regresen los marines a vejar la cabeza de Martí.

Estoy de acuerdo en revertir los errores, en desterrar el autoritarismo y en construir una democracia socialista sólida, eficiente, con un funcionamiento siempre perfectible, que se garantice a sí misma. Me niego a renunciar a los derechos fundamentales que la Revolución conquistó para el pueblo. Antes que nada, dignidad y soberanía, y asimismo salud, educación, cultura y una vejez honorable para todos. Quisiera no tener que enterarme de lo que pasa en mi país por la prensa de afuera, cuyos enfoques aportan no poca confusión. Quisiera que mejoraran muchas cosas que he dicho y otras que no.

Pero, por encima de todo, no quiero que regrese aquella ignominia, aquella miseria, aquella falsedad de partidos políticos que cuando tomaban el poder le entregaban el país al mejor postor. Todo aquello sucedía al tibio amparo de la Declaración de los Derechos Humanos y de la Constitución de 1940. La experiencia pre-revolucionaria cubana y la de muchos otros países demuestra lo que importan los derechos humanos en las democracias representativas.

Muchos de los que hoy atacan la Revolución, fueron educados por ella. Profesionales emigrados, que comparan forzadamente las condiciones ideales de “la culta Europa”, con la hostigada Cuba. Otros, más viejos, quizá algúna vez llegaron a "ser algo" gracias a la Revolución y hoy se pavonean como ideólogos pro capitalistas, estudiosos de Leyes e Historia, disfrazados de humildes obreros. Personalmente, no soporto a los "cambiacasacas" fervorosos; esos arrepentidos, con sus cursitos de marxismo y todo, que eran más papistas que el Papa y ahora son su propio reverso. No les deseo mal, a nadie se lo deseo, pero tanta inconsistencia me revuelve.

La Revolución, como Prometeo (le debo una canción con ese nombre), iluminó a los olvidados. Porque en vez de decirle al pueblo: cree, le dijo: lee. Por eso, como al héroe mitológico, quieren hacerle pagar su osadía, atándola a una remota cumbre donde un buitre (o un águila imperial) le devore eternamente las entrañas. Yo no niego los errores y los voluntarismos, pero no sé olvidar la vocación de pueblo de la Revolución, frente a agresiones que han usado todas las armas para herir y matar, así como los más poderosos y sofisticados medios de difusión (y distorsión) de ideas.

Jamás he dicho que el bloqueo tiene toda la culpa de nuestras desgracias. Pero la existencia del bloqueo no nos ha dado nunca la oportunidad de medirnos a nosotros mismos.

A mí me gustaría morir con las responsabilidades de nuestras desdichas bien claritas.

Por eso invito a todos los que aman a Cuba y desean la dignidad de los cubanos, a gritar conmigo ahora, mañana, en todas partes: ¡Abajo el bloqueo!

domingo, 12 de septiembre de 2010

Reproducimos el gentil envío de Antonio Bronsteins, tomado del sitio Acera izquierda. N de la R.


La cárcel y las canciones del barrio


Antonio Romero
http://aceraizquierda.wordpress.com/


La eternidad, la universalidad, de la música del Caribe reside en que es la expresión de su principal institución social: el barrio. Y es en las esquinas de esos barrios obreros y populares donde se cantas sus tragedias. Allí la cárcel es una contingencia real, como en ‘El juego de la vida’: Cuatro puertas hay abiertas, para quien no tiene dinero: el hospital y la cárcel, la iglesia y el cementerio.

La cárcel, desde su aparición en la sociedad, es una institución de control social a los conflictos que se generan la explotación y la miseria. En América Latina y el Caribe, desde principios de los años 90, el número de personas en las cárceles pasó de 250 a 550 mil personas, es decir, tras 20 años de gobiernos neoliberales y de gobiernos reformistas sin reformas se ha duplicado el número de prisioneros.

Es legendaria la canción de Daniel Santos ‘El preso’, mil veces escuchadas en las prisiones del Caribe:

Mi guitarra, huerfanita, ya no suena / Y aunque tarde, sé que es una realidad /Que el que juega tan cerquita a la candela / Si no vive con cautela, quemará.

En 1973, el Combo Miami Brass, en su álbum Danger: alto contenido de salsa, interpretaba la canción ‘La prisión’ en la que la cárcel es mostrada como un curso de hombría, de graduación de guapos:

Sentado estoy en la prisión, contando mis aventuras / A mis amigos y hermanos que comparten mi amargura / Pero qué mala la prisión, donde se prueba mi hombría / Y me rompe el corazón pensar en la geva mía / Y a mi madre quien no olvido y le rezo todos los días / Le dedico esta canción pues yo sé que me quería… / Cuando a la calle yo salga hay que tratarme de usted.

En 1975, otro de los gigantes, Bobby Capó, escribió un tema a Ismael Rivera y Rafael Cortijo, quienes permanecían en la Cárcel en Kentucky, en celdas construidas en pisos subterráneos, ‘Las tumbas’:

De las tumbas quiero irme no sé cuando pasará / Las tumbas son pa los muertos, de muerto no tengo na.

La prisión ha sido uno de los temas centrales de nuestra música, no sólo porque varios de sus artistas hayan estado confinados en las mazmorras estatales, sino porque la cárcel no es ajena a la gente de sus barrios. La lista de canciones es inmensa: ‘Cuando un cantor está preso’ de Ismael Miranda, ‘La cárcel’ del Sexteto Juventud, ‘Tres meses de vida’ de Xiomara Alfaro y ‘El preso’ de Fruko y sus Tesos:

Oye te hablo desde la prisión, Wilson Manyoma, Gorgona

En los años recientes fue Frankie Ruiz quien cantó al presidio con ‘Mi libertad’: Una colilla de cigarro más, un cenicero que va a reventar, la misma historia triste y sin final, el mismo cuento de nunca acabar y la carcajada de otra madrugada / Se burlan cuatro paredes, rutina puertas cerradas y un carnaval de barrotes, bailando sobre mi cama / Extraño aquellas cometas, que yo de niño volaba y a mis amigos del barrio que mis canciones bailaban / Quiero cantar de nuevo y caminar y a mis amigos buenos visitar, pidiendo otra oportunidad / Bajo farol de pueblo conversar y en una fiesta linda celebrar/ Mi libertad.

La mayoría de estas canciones se escriben entre celdas y muestran el dolor del encierro sin encontrar explicaciones más allá de que la cárcel es una consecuencia de un mal comportamiento, sin mirar que es el capitalismo el que arroja a diario a miles de personas a la prisión. Por ello, una de las canciones que trata con mayor claridad el tema es ‘La libertad lógico’ de Eddie Palmieri, de su álbum Vámonos pal monte, 1971, donde muestra la prisión como resultado de la desigualdad y se aleja de la idea de la cárcel como producto de una mala vida: No, no, no, no me trates así / La libertad, caballero, no me la quites a mí / Pero mira que también yo soy humano y fue aquí donde nací / Económicamente, esclavo de ti / Pero, qué va, tú no me engañas, mete mano.

Y terminemos con Silvio Rodríguez para recordar que en estos momentos miles de seres humanos caminan por los patios de las cárceles mientras los dueños del mundo siguen firmando sus documentos de sangre: La prisión acaba, la prisión de hierro / Pero continúa, la prisión del sueño.




lunes, 6 de septiembre de 2010

DEBATE SOBRE BIOPODER Y BIOSOCIEDAD EN COLOMBIA.

En los pasados días, el colega Carlos Medina ha escrito esta reflexión que comparte con nosotros, en la red Escuela Ciudad Blanca, que abre así este foro sobre el tópico biopoder y biosociedad, uno de los espacios de investigación del Grupo Presidencialismo y participación. Esperamos sus contribuciones. N de la R.

Guerra, tierras y víctimas


En las últimas tres décadas la guerra desarrollada por el narco-paramilitarismo, en connivencia con sectores de elites tradicionales y las fuerzas armadas, fue en lo esencial contra los campesinos pobres y medios y sus propiedades. En esa guerra criminal el 10% de la población del país quedó en condición de desplazada; se produjo un proceso de expropiación violenta de tierras que algunos calculan en algo más de 10 millones de hectáreas; una parte importante de la población víctima de la acción violenta de los grupos armados espera, que se le reconozcan sus derechos, restituyan sus tierras, repare integralmente y posibilite el desarrollo de sus proyectos de vida con dignidad.

En la violencia de los años cincuenta, a través de la muerte y el terror la tierra se concentró y cambio de dueños, gran parte de la población es desalojada y va a las ciudades en busca de nuevas oportunidades; ese proceso generó una dinámica campesina de movilización que exige con urgencia una reforma agraria, la cual estaría en la agenda legislativa de los gobiernos del frente nacional.


Esa reforma atendió la movilización rural, buscando frenar su inconformidad, creó las instituciones para su administración e interlocución con el campesinado, pero no transformó las relaciones de tenencia, sosteniendo el proceso de concentración articulado al modelo de fortalecimiento de la economía agraria centrada en el café, la agricultura intensiva, y a la fase de industrialización y modernización del país.

Ese proceso se repite con la violencia de los años ochenta-noventa: por la vía, del terrorismo, masacres y asesinatos la tierra se re-concentró en manos de las elites terratenientes que, en alianza con las elites emergentes del narco-paramilitarismo, dejaron a gran parte de la población campesina, afrodescendiente e indígena en una triple condición de expropiados, desplazados y víctimas.


Una contrarreforma agraria se establece desconociendo la propiedad colectiva y los derechos de las comunidades nativas y las negritudes establecidas en la ley. La dinámica del conflicto armado, narco-paramilitar, se da con el propósito de fortalecer una economía agraria centrada en las posibilidades de desarrollo agroindustrial y su articulación con la minería extractiva, en la moldura de la economía de libre mercado neoliberal.

La actual agenda legislativa plantea la discusión medular de los temas de tierras y víctimas, ambos de gran sensibilidad para distintos sectores de la sociedad colombiana. Más allá de lo que la ley de víctimas debe garantizar en materia de verdad, justicia, reparación y restauración integral de derechos, en ella misma debe estar contemplada la devolución de tierras a las víctimas.


El gobierno del presidente Santos se ha formulado como objetivo el reintegro del derecho de propiedad y posesión de la tierra de los desplazados y víctimas de la violencia. Ese proceso debe darse en el marco de la Ley de Victimas y no como parte de la política de adjudicación de tierras que pueda emerger de la política pública para el sector.

Durante años un millón y medio de familias campesinas han esperado para poder hacerse participes de los procesos de transformación democrática de la economía agraria del país, pudiendo vincularse a los mismos a través del acceso a la propiedad de la tierra y vinculación a las políticas y programas de desarrollo del sector, en condiciones que garanticen simultáneamente el mejoramiento significativo de la vida rural, el progreso agrario y del campesinado.

La ley de tierras tiene el reto de sortear todas las dificultades en la tenencia y el desarrollo agropecuario, que dieron origen a la guerra, y los nuevos desafíos en materia ambiental y de soberanía alimentaria. Seguramente como ya ha comenzado a verse en la bancada liberal y conservadora, de la coalición de unidad nacional, los intereses del sector terrateniente y narco-paramilitar van a hacer lo que este a su alcance para legalizar y defender el botín de guerra, cuyo primer intento fracasó en la propuesta de ley de la reforma rural. La pregunta es: ¿Por qué una Ley de Tierras y no una Ley de la Reforma Agraria? Tal vez, porque el centro de la ley de tierras no son los campesinos, sino los propietarios y la política agraria.

Una ley de tierras que no tome en consideración las posibilidades de la redistribución de la tierra en manos de los grandes terratenientes, que solo se plantee la distribución de las tierras expropiadas a algunos narcotraficantes no es seria. Es necesario construir unidades de producción agrarias que respondan a varios retos del sector.

El primero, democratizar la propiedad de la tierra en una concepción que responde a las urgencias del desarrollo del país. Respetando las formas más democráticas de tenencia: Resguardos indígenas, tierras comunales de afrodescendientes y zonas de reservas campesinas, que además de estar amparadas por la ley son un modo de limitar y frenar la expansión latifundista.

Segundo, crear las condiciones de apoyo económico y técnico para las familias campesinas en un contexto de plenas garantías para su sostenibilidad productiva. Tercero, dirigir el sector a resolver los problemas de producción de alimentos en una concepción que se ocupa de la soberanía alimentaria e, impulsar la participación de las economías rurales en las agriculturas comerciales de gran escala. Cuarto, convertir el campo en un modelo de desarrollo productivo y social que garantiza el empleo digno para los trabajadores y les permite dignificar su vida.

Los subsidios a campesinos para adquirir tierras evidencian la falta de voluntad política para asumir un proceso de transformación democrática del régimen de tenencia; la reorientación del programa AgroIngreso Seguro para que los recursos lleguen a los campesinos no es tampoco la solución, lo que está demandando la nación es una reforma agraria, unida a una transformación rural democrática y estructural que respondan en materia de producción y desarrollo agropecuario al bienestar campesino, las necesidades y premuras del siglo XXI.

Carlos Medina Gallego

Docente- Investigador

Universidad Nacional de Colombia

Septiembre 5 de 2010

viernes, 20 de agosto de 2010

martes 17 de agosto de 2010

Mientras Marchábamos / Aharon Shabtai


Hace dos días en Rafi’ah,

nueve árabes fueron asesinados,

ayer seis

fueron muertos en Hebron,

y hoy —sólo dos.

El año pasado
mientras marchábamos

desde la calle Shenkin,

un hombre en motocicleta
nos gritó:

"Muerte a los árabes!"

En la esquina de Labor

frente al mercado de Bezalel,

junto a la carnicería
de Braun,

y en la esquina de Bograshov:

"¡Muerte a los árabes!"

Durante un año entero

este poema estuvo tirado

sobre la acera

a lo largo de la calle King George,

y hoy 
lo levanto y compongo

su línea final:

"¡Vida a los árabes!"

Aharon Shabtai

domingo, 15 de agosto de 2010


UN HOMENAJE VIVO PARA LA OBRA PEDAGÓGICA LIBERADORA DE ESTANISLAO ZULETA


En la celebración de veinte años del fallecimiento de Estanislao Zuleta, un intelectual colombiano de excepcionales calidades reflexivas y expositivas, el profesor Juan Carlos García Lozano animador del proyecto Autonomista Colombia nos ofrece un artículo introductorio al texto Acerca de la Lectura, que hace parte del curso que actualmente él ofrece los días martes en el espacio académico de Ciencia Política en la Facultad de Derecho en la Universidad Nacional de Colombia. Esperamos sus comentarios. N de la R



LA LECTURA:

EL ARTE DE LA INTERPRETACIÓN Y LA TRANSFORMACIÓN[1]

Juan Carlos García

Proyecto Autonomistas Colombia

Con la referencia del filósofo alemán, Federico Nietzsche, Estanislao Zuleta explica, argumenta y propone lo que significa saber leer. De la lectura de Nietzsche dice que su estilo “provoca la buena lectura”, la cual está impregnada de “asombro” y “humorismo”. En él también encontramos el arte de “descifrar” e “interpretar”. Leer a Nietzsche es un arte, y él mismo es un artista. Arte en tanto se puede “escuchar la factura musical de este pensamiento”. La enseñanza del filósofo alemán logra así mostrarse plena: “libera la escritura de toda preocupación efectista o periodística o de toda aspiración al gran público”. Leer no es un deber, es un arte aristocrático, dionisiaco.

La lectura en tanto arte para Nietzsche no puede ser un ejercicio de apresuramiento, menos un acto obligado inscrito en la dominación: se lee para liberarse conociéndose a sí mismo. Este es un ejercicio estético de interpretación libre. Nietzsche invita a la “interpretación”, es decir, al trabajo autónomo de leer. Zuleta tomando en consideración tal precepto, enseña que “Leer es trabajar”. No es “recibir”, “consumir” o “adquirir”. Si leer es interpretar y por ende trabajar, el trabajo tiene que ver con las “significaciones”, el “lenguaje interior” y los “términos” en los cuales el texto es leído. Todo ello enfrentado a la “ideología dominante”.

Leer es una forma de ejercer el pensamiento en un “tiempo propio”. La verdad a partir de la lectura requiere un tiempo no inscrito en la lógica capitalista de la ganancia o la acumulación. Lo sabe Nietzsche cuando desea una “voluntad de dominio” que como “fuerza unificadora” ordene y dé una “nueva interpretación”, “ajena a la significación que le asigna la ideología dominante”. Así tenemos que una de las formas de enfrentarse al orden capitalista es sabiendo leer su ideología en lucha contra el saber.

En la lectura encontramos el arte de la interpretación, es decir, lo que los “términos” del texto significan y configuran para quien lo lee. Encontramos allí igualmente el sentido de las “acepciones”. Por ejemplo, el alimento para Kafka, dice Zuleta, significa “motivos para vivir”. Es necesario interpretar para encontrarle sentido a los textos, porque “al comienzo no tenemos un código común”, pero el texto se inscribe en un código. Trabajar es interpretar las significaciones. Toda lectura comprometida es, y no puede ser otra cosa, una interpretación que disloca las “relaciones internas del texto” con la interpretación que le da la ideología dominante. Siempre se lee en una relación de fuerzas.

Nietzsche conceptúa en ese mismo orden que el autor del texto no es propietario del “sentido” de “su” texto. El sentido es incontrolable en su economía interna y se le escapa al autor, no así al lector crítico. Lo cual obedece a que la escritura es “aventura”, y por ende su sentido es “múltiple” e “irrecuperable”, “irreductible a un querer decir”. Se advierte que para Nietzsche, el lector de un texto sabe, conoce, está impregnado de la ideología dominante, pero sabe algo; no es un “lector-ocioso” que va a adquirir conocimientos al leer. La ideología lo ha constituido y sus preguntas personales también lo circundan y lo cuestionan. Leer es tomar partido por la verdad de los problemas que nos constituyen.

Nietzsche igualmente enseña que se lee lo que ya se sabe desde la “vivencia” y sólo puede leer un “aventurero”, un “descubridor nato”. Zuleta explica que “ilegible es todo lenguaje que no sea el lenguaje de nuestro problema”. ¿Cómo leer lo que no conocemos? Por eso sólo se lee desde “nuestros problemas, conflictos y perspectivas” en tanto se configuran como “preguntas y sospechas” no resueltas, las cuales nos acosan y asaltan. Pero es desde esta reflexión que “la mayor dificultad consiste en decir lo que ya se sabe”, hacer consciente el drama de vivir: “si no se conociera sería una palabra vacía; pero si se reconoce, nos desgarra y confronta”.

Tal es el vínculo que establece Nietzsche entre el lector que ya sabe y la audacia y el riesgo para llegar a ser un “descubridor nato”. La lectura como trabajo sobre sí mismo muestra la consciencia del lector en el conflicto consigo, con su yo y con la ideología dominante de las instituciones. La lectura es crisis de sentido e identidad individual y colectiva.

El mismo autor alemán reclama un lector que no sólo interprete, sino también que el texto lo afecte, “le hable de aquello que pugna por hacerse reconocer aún a riesgo de transformarlo”. Un lector, como dice Zuleta, que teme morir y nacer en la lectura, que batalla, que lucha, pero aún así acepta el gusto de la “aventura” y del “peligro”; “aventura” y “peligro” del conocimiento. El lector, justo es decirlo, tiene el espíritu de un guerrero que busca la verdad y el libre ejercicio del pensamiento.

Debemos leer entonces desde alguna parte, lo cual significa, desde una “pregunta abierta” “que trabaja en nosotros y sobre la cual nosotros trabajamos con una lectura”. Y esto es cierto porque: “Sólo se sabe escribir para escritores y sólo el que escribe, realmente lee”. Lo que es tanto como sugerir: no basta con leer, se requiere escribir: el saber valioso por ser transformador está en la escritura, por eso Nietzsche escribió creando una nueva forma discursiva. Escribir es seguir pensando, cuestionando, criticando y transformando.

La lectura también es una terapia, ya que el libro que se está leyendo le habla al lector del problema que está trabajando en su mente, porque los problemas nos constituyen y a partir de ellos pensamos, reflexionamos. El problema elige el libro y durante la lectura busca sus conceptos y sus conexiones para llenar las “lagunas” o las “discontinuidades”. “Es el problema mismo el que lee”, dice Zuleta. Siempre se lee a partir de un problema, no hay lecturas originarias o virginales. “Un problema es una sospecha y una esperanza” que busca la articulación a partir de una unidad para explicar lo que no permitía antes el pensamiento: la verdad sería una relación de las cosas que no sabemos. Quedará roto un lazo y nos tocará “emplear toda nuestra energía, nuestra agresividad y nuestra libido” en una “guerra civil” sin esperanzas. Leer un problema es, ya se sabe, tomar partido por su solución cuando en ella hay transformación. Por eso un lector es un guerrero y la lectura una batalla.

Lo cual no se logra sin sospecha, sometiendo todos los elementos a una elaboración y a una crítica, que permite superar el poder de la fuerza (“represión, ideología dominante, racionalización”), la cual los mantiene dispersos, yuxtapuestos o falsamente conectados para seguir reproduciendo la ideología. La lectura muestra la verdad del poder y de la ideología dominante, pero no se agota en ella. Enseña Zuleta: “Leer a la luz de un problema es pues leer en un campo de batalla, abierto por una escritura y por una investigación”. Lo que al final se está leyendo es cómo se ejerce la dominación ideológica en los individuos y cómo se puede salir de ella.

La lectura a esta altura es un proceso, no es consumo, recepción, ni producción, como la lógica del capital enseña. Dicho proceso es una lucha contra la ideología dominante que, repito, nos constituye como sujetos. Luego, la lectura es interpretación del mundo, en el que el saber es una toma de posición por cambiarlo, un trabajo, donde no hay sujetos neutrales en el reino del saber: sólo relación de fuerzas devenidos problemas, incógnitas, dudas. Batallas.

Lo que hay es una “lucha contra una fuerza específica de dominación”. Por ejemplo, dice Zuleta: “Nadie ha llegado a conocer el marxismo, sino lo ha leído en una lucha contra la explotación; ni el psicoanálisis si no lo ha leído y sufrido desde un debate con sus problemas inconscientes”. Conocer para estas dos ciencias es dejar de ser, transformar los individuos, los que leen el marxismo y el psicoanálisis: el saber transforma. La ciencia sería lo más revolucionario en la constitución de sujetos libres, autónomos, críticos: los modifica en su misma materialidad social.

La precaución final, tomando en consideración la enseña de Derrida, es advertir que en el lenguaje anida y se reproduce la dominación, la ideología, la teología, aquello contra lo que lucha el saber, la ciencia, el arte y la filosofía. Zuleta, como Nietzsche, lo saben y lo enseñan. La lectura hecha por ellos devela dichas verdades, lo hemos leído.



[1] Zuleta, Estanislao, Sobre la lectura, en “El elogio de la dificultad y otros ensayos”, Medellín, Hombre Nuevo Editores, Fundación Estanislao Zuleta, 2005, pp. 78-85.

martes, 10 de agosto de 2010

El profesor e investigador mexicano, Luciano Concheiro, de la UAM Xochimilco nos llama la atención sobre este escrito bajo la forma de parodia publicado en Rebelión por Juan Cendales. N de la R.

Pablo Neruda en el último día de presidencia de Uribe
Sátrapa triste, rey advenedizo



“En la soberbia, la espina” es un poema escrito en 1943 por Pablo Neruda luego de visitar Colombia y recibir agravios de Laureano Gómez, Director del periódico conservador El Siglo quien luego sería presidente y padre de la violencia política colombiana de la cual Álvaro Uribe es iracundo y feroz continuador. Por lo que merece Uribe heredar este poema, como despedida, este 7 de agosto, tras ocho largos años de su régimen mafioso, corrupto y violento.

Por los falsos positivos. Por los torturados y los desaparecidos. Por los sindicalistas, indígenas y opositores asesinados. Por los Millones de Desplazados y los miles de exiliados. Por los muertos, miles, de la fosa de La Macarena y tantas otras. Por los perseguidos y los presos políticos.


En la Soberbia, la Espina
Adiós Álvaro. Príncipe nunca laureado,
sátrapa triste, rey advenedizo.
Adiós, emperador de cuarto piso
antes de tiempo y sin cesar pagado.
Administras las tumbas del pasado,
y hechizado, aprovechas el hechizo
en el agusanado paraíso
donde llega el soberbio derrotado.

Allí eres dios sin luz ni primavera.
Allí eres capitán de gusanera,
y en la terrible noche del arcano
el cetro de violencia que te espera
caerá podrido como polvo y cera
bajo la jerarquía del gusano.

Caballero del látigo mezquino,
excomulgado por el ser humano,
iracunda piltrafa del camino,
Oh pequeño anticristo, anticristiano.

Como tú, con el látigo en la mano,
tiembla en su tumba en España Franco el asesino
y en Alemania tu sangriento hermano
lee sobre la nieve su destino.

Es tarde para tí, triste Alvarito.
Quedarás como cola de tirano
en el museo de lo que no existe.
En tu pequeño parque de veneno
con tu pistola que dispara cieno.

(*) Las cursivas en el poema responden a modificaciones del autor sobre los versos originales de Neruda.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.