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jueves, 28 de julio de 2016

LA INNOVACIÓN DE MEDELLÍN ES FICCIÓN QUE DUELE

LA INNOVACIÓN DE MEDELLÍN ES FICCIÓN QUE DUELE

David Jiménez[1]

En el año 2016 la ciudad de Medellín obtuvo el premio Lee Kuan Yew World City Prize, y en el 2013 el premio de la ciudad más innovadora del mundo. Sin embargo, “venderla” como la mejor ciudad no solo del país y una de las mejores del continente, es la estrategia gubernamental hacia la opinión pública.

Como mosco en leche
Pero, cómo poder catalogar la ciudad como la mejor en urbanismo cuando tiene un transporte público colectivo ineficiente, que no tiene punto de comparación con ciudades como Toronto en Canadá, donde el orden, las frecuencias, el acceso a personas con movilidad reducida y adultos mayores son de envidiar.

Además, es una ciudad donde no florecen los vehículos amarillos “taxis”, sino el transporte público colectivo. Más grave aún, en Medellín no todo el sistema de transporte público está adaptado para estos grupos poblacionales. Esta es una de las razones por las cuales no comprendo por qué Medellín es una ciudad innovadora.

En otras ciudades, existe cultura ciudadana, no la famosa cultura metro, es una cultura donde las personas se comportan en la vida social de acuerdo a parámetros legales, éticos y morales que hacen y fortalecen la convivencia y la seguridad.  Para el caso colombiano y latinoamericano, la inseguridad urbana y los problemas de convivencia social como los enfrentamientos de hinchas por los partidos de futbol, para nada hacen a una ciudad innovadora la intolerancia ciudadana.

Por otra parte, definirla como una ciudad innovadora donde hay presencia notoria del crimen organizado y cuando la opinión pública conoce las famosas “fronteras invisibles”. Cuando no se puede  ni visitar sectores de la ciudad so pena de ser amenazado o asesinado. Estas “cualidades” no hacen que una ciudad sea innovadora en seguridad y convivencia.

Una ciudad de extremos
Una ciudad donde grupos del crimen organizado tienen control y presencia en diferentes territorios sumado a la precariedad de la presencia institucional y social del gobierno Local; con nuevas formas de apartheid urbano, donde un sector como El Poblado se equipara a una ciudad del primer mundo, mientras que el otro extremo están sectores excluidos económicamente por la pobreza y el desempleo. Estos extremos tampoco hacen posible una ciudad innovadora.

Sumado a lo anterior, el Estado no garantiza los valores constitucionales a la vida e integridad personal para evitar el desplazamiento forzado intraurbano de grandes proporciones, apeñuscado en cinturones miserables. Una problemática que aqueja desde hace décadas a la ciudad de la innovación.

En otra perspectiva, esta es una ciudad que tiene una de las mejores empresas latinoamericanas de servicios públicos domiciliarios, EPM, pero al mismo tiempo tiene a cientos de familias desconectadas de estos servicios básicos y a otras las tiene en apuros para pagar las facturas mensuales, porque no tienen un empleo digno y estable para soportar las diferentes cargas económicas de “alta tensión”.

Donde también deambulan a la vista de todos, se tiene la presencia de los famosos “habitantes de la calle” que representan el extremo de la pobreza y la exclusión. Es común verlos como parte “normal” del paisaje urbano en ciudades como Medellín, pero, a pesar de la recesión de 2008, no es tan frecuente ver homeless en Toronto o New York.

Para terminar, es muy bueno que se construyan los parques, las bibliotecas, el metro, el tranvía, metro-cable y cualquier obra pública que impacte la comunidad; pero estos hechos no hacen que Medellín sea la ciudad más innovadora y transformadora del Mundo cuando la inseguridad, la exclusión, la pobreza y el desempleo la mantienen sitiada.

Tales son los problemas principales que deben enfrentar y resolver los políticos y los empresarios antioqueños. Por lo pronto, sea esta la oportunidad, sin echarnos cuentos que cuestan un “ojo de la cara”, reconocer que en otras ciudades del mundo viven mejor y tienen mejor calidad de vida y bienestar real que en la urbe galardonada.



[1] Politólogo, magister en estudios políticos. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

lunes, 15 de octubre de 2012

LA CRISIS: CAFÉ Y CACAO


LA CRISIS: CAFÉ Y CACAO
David Jiménez[1]

En un recorrido sobre el Nordeste Antioqueño, los pequeños productores de café y cacao (personas con predios de menos de 100 hectáreas), se comprueba que afrontan una de las peores crisis, se están empobreciendo cada vez más. Les aclaro en seguida los siguientes puntos a discutir por ambos sectores.

Los cacaocultores
La cacaocultura, afronta una especie de monopsonio, pues solo dos son los compradores de sus productos, la empresa Nacional de Chocolates y la Casa Luker. La mano invisible de Adam Smith parece jugarle mal a los cacaocultores.  Estos gremios económicos cuasi todopoderosos deciden el valor de compra; pueden importar cacao para presionar la disminución de los precios internos del producto, afectando el ingreso de miles de familias que subsisten en el sector.

Es obvia la falta de regulación e intervención del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para evitar las prácticas de los grandes del sector de chocolates en Colombia, porque si esperamos que la mano invisible del mercado solucione los desequilibrios entre oferta y demanda, los campesinos estarán más pobres.

Así mismo, las reglas de los créditos con las entidades financieras para renovar y rehabilitar cultivos, son más costosas que el precio real, profundizado con la caída del precio para la venta a los dos compradores del mercado nacional, algunos señalan que es fácil señalar un monto para rehabilitar por hectárea, desconociendo los verdaderos costos de insumos y de mano de obra en el mercado , el estado de las vías terciarias y la geografía, en pocas palabras, no es lo mismo San Vicente de Chucuri  (Santander) que Anorí (Antioquia).

Por otro lado, la locomotora del desarrollo agropecuario, no brinda asistencia técnica continua y permanente a los cacaocultores con personal de tiempo completo. El Gobierno Nacional desconoce la capacidad fiscal de los municipios de categoría sexta que no pueden contratar personal de tiempo completo para estas actividades ó lo peor de todo, no tienen presupuesto para cofinanciar un proyecto de asistencia técnica con las Secretarias de Agricultura Departamental y/o  entidades nacionales (ICA, Minanagricultura).

Los caficultores
Las familias campesinas que subsistente del café vienen desde el siglo XIX. El Gobierno Nacional desde hace décadas ha dejado la producción, asistencia técnica, comercialización y distribución nacional e internacional en manos de la Federación Nacional de Cafeteros.
Los cafeteros, con la famosa contribución cafetera que se traduce en impuestos para financiar la burocracia de Fedecafé más la caída del precio, se están empobreciendo al igual que los cacaocultores.

Los técnicos de Fedecafé no están de forma continua en un determinado municipio, están en los más productores, y las entidades municipales invierten poco por su falta de capacidad fiscal en asistencia técnica agropecuaria de calidad y permanente. De este modo, los cafeteros sufren al igual que los cacaocultores: precios bajos, subsidios escasos y poca asistencia técnica. De esta manera, las federaciones no deben convertirse en clubes sociales y exclusivos para élites empresariales dentro de cada sector, se debe aumentar su participación en todos los escenarios económicos y políticos de los pequeños productores en la formulación e implementación de políticas públicas para el bienestar y calidad de vida de la mayoría de las familias campesinas caficultoras.

La asistencia técnica, los créditos con tasas de interés subsidiado, y el control del monopsonio de los compradores en el mercado; la intervención en la economía es una tarea que el Estado no debe abandonar al libre mercado; porque la mano invisible no controla la corrupción privada del sector financiero y empresarial,  tal como está probado en las crisis económicas en Estados Unidos y Europa; la falta de control termina en especulación que se traduce en desempleo y pobreza.

PD: La locomotora del desarrollo agropecuario en la Unidad Nacional, tiene que decidir si coloca en primera categoría a los campesinos pobres, o si sigue  empobreciendo ó no a las familias campesinas, cacaoteras y caficultoras, con sus políticas desorientadas que afectan la calidad de vida e ingreso de millones de personas, en beneficio de una infinita minoría que los explota sin contemplaciones. Es una tarea para el presidente convaleciente, y para el vicepresidente que no se designa a ser arrumado en el cuarto de los muebles viejos.  



[1] Participante del Grupo Presidencialismo y Participación UNIJUS/COLCIENCIAS