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sábado, 27 de mayo de 2017

REFORMA POLÍTICA: ¿inmune a la corrupción?


REFORMA POLÍTICA: ¿inmune a la corrupción?

David Jiménez[1]

El acto legislativo 01 de 2009, fue la reacción del Congreso de la Republica contra  la infiltración del paramilitarismo en el parlamento colombiano. Se estableció que, a partir de esa fecha, los partidos políticos responderían por avales cuestionados en relación a candidatos por delitos por colaboración o pertenencia a grupos armados ilegales, narcotráfico o por delitos de lesa humanidad o contra los mecanismos de participación democrática.

            En ese momento, los delitos contra la administración pública o por corrupción no fueron incorporados a la norma constitucional. Tales fueron el peculado, cohecho, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito, prevaricato, entre otros; por lo demás,  tan comunes en las instituciones políticas colombianas.

Desde entonces, la corrupción ha sido imparable, desde el cartel de contratación de Bogotá, la “mermelada”, Reficar y hasta la financiación ilegal de campañas políticas de 2010 y 2014, que son los peores efectos conocidos de la corrupción al interior del sistema político.

La semana pasada

El Ministro del Interior Juan Fernando Cristo radico el proyecto de reforma política en el Congreso, en materia de corrupción, es más de lo mismo. No se crea una responsabilidad para los directivos de los partidos políticos y menos para las organizaciones políticas que avalen a candidatos que sean condenados por delitos contra la administración pública.

Todos seguirán inmunes frente a la enfermedad conocida como “corrupción”, y podrán seguir presentando candidatos sin ningún obstáculo en los Departamentos y Municipios donde sus copartidarios han tenido condenas por corrupción.

A su vez, con la conocida financiación ilegal de campañas presidenciales de 2010 y 2014 por la multinacional brasilera Odebrecht donde nadie resulto ser “santo” en la competencia política por parte de la Unidad Nacional y el Centro Democrático en la conquista de votos.

No se establece como causal de pérdida de investidura y nulidad de la elección a las campañas políticas que violen los topes de financiación, y tampoco tocan esa “bendita” caducidad que ampara de protección a los políticos colombianos una vez se conocen los hechos de corrupción del pasado, y los partidos podrán seguir presentando candidatos a pesar de lo conocido sin ningún problema u obstáculo legal.

Mientras tanto,

El Consejo Nacional Electoral se dedica a sancionar a los partidos y movimientos políticos minoritarios como Alianza Verde o el Polo Democrático y deja inmunes a las organizaciones políticas con mayor representación en el Congreso, sin olvidar que las mayorías parlamentarias, son las que eligen a los magistrados del Consejo Nacional Electoral.

En un sistema político democrático con instituciones débiles, debido a la historia de más de 2 siglos plagado de corrupción y clientelismo, el diseño institucional de la paz gubernamental deja inmune la construcción de unas instituciones fuertes para sancionar las peores prácticas políticas.

Ni la constitución de 1991 del liberal Cesar Gaviria, ni el acuerdo final entre Gobierno Santos y la insurgencia subalterna de las Farc, por lo pronto han logrado cambiar el ejercicio de la política.

Al parecer, vamos a una revolución pasiva en términos de Gramsci, que todo cambie para que todo siga igual. Es, por supuesto, como si no hubiésemos salido del siglo XIX, y que, por el contrario, atendiéramos a los dictados de la Marquesa de Yolombó.  


[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del grupo Presidencialismo y Participación. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

martes, 9 de mayo de 2017

EL CENTRO DEMOCRÁTICO: ¿Un partido con cerrojo?

EL CENTRO DEMOCRÁTICO: ¿Un partido con cerrojo?

David Jiménez[1]

“Este partido se llama Centro Democrático por unas circunstancias ahí más o menos fortuitas, pero políticamente es todo, menos de centro. Este partido es de derecha, entiendo yo. Por lo menos, yo me declaro, sin ninguna vergüenza, de derecha dentro de esta confrontación política moderna”
Fernando Londoño Hoyos, Convención del Centro Democrático, Mayo 6 de 2017

El partido Centro Democrático, estrenado en el escenario político y electoral en las elecciones legislativas y presidenciales de 2014, como la principal fuerza de oposición política al gobierno de Juan Manuel Santos, logró, por lo pronto, que un sector de la reacción colombiana, saliera del “closet”, en relación a temas puntuales como la seguridad, la familia y la religión, solo por mencionar algunos. 

            A pesar de no lograr amplias mayorías parlamentarias en Senado y Cámara que le permitieran bloquear el trámite legislativo de sus rivales, ni tampoco ganar las presidenciales todavía, es el partido principal de oposición, dejando al Polo Democrático Alternativo y a la Alianza Verde opacados, y mostrándolos como si fueran aliados de la política gubernamental.

Todo ello, sin desconocer, la llegada de nuevo a la burocracia nacional de personajes de izquierda como Clara López, quien se desempeñó como ministra del trabajo y la seguridad social; y sin olvidar que su alianza contribuyó a la refrendación e implementación del acuerdo de paz por el congreso.

Lista cerrada o con cerrojo “carismático”

La reforma política de 2003 y 2009, dejo a opción de los partidos y movimientos políticos colombianos la presentación de sus listas a cargos de elección popular tales como juntas administradoras locales, concejos, asambleas y congreso si abiertas o cerradas.

Desde entonces, el único éxito electoral presentado en listas cerradas, fue el Centro Democrático en 2014, lo que le ha permitido a su jefe el expresidente Uribe, mantener la disciplina de sus congresistas, al parecer es él, quién decide quien va o no al congreso, y si es cerrada en que ubicación.

            La recién creada misión electoral especial, también propone listas cerradas, pero no está nada definido, como serán los procesos de selección de candidatos al interior de los partidos políticos, si con bolígrafo o democracia interna mediante consultas populares abiertas o cerradas.

Así las cosas, en el Centro Democrático la selección de candidatos al congreso no será por consultas populares abiertas o internas, donde los militantes del partido escojan por democracia los candidatos. Estos estarán en manos de la dirección nacional y el expresidente Uribe, en pocas palabras, con el bolígrafo en mano, no ofrecerán dosis alguna de democracia.

¿Un partido de apertura?

Cualquier partido político como estrategia, recibe nuevos afiliados o militantes permanentemente, les permite crecer electoralmente. El Centro Democrático quiere ganar en 2018, ampliar su participación electoral en Senado y Cámara, que ascienda al 26% de la representación en ambas cámaras,  tendrían mayor poder de negociación e injerencia para el trámite de proyectos de acto legislativo y de leyes que requieran mayoría calificada o absoluta en comisiones y plenaria.

Quieren adeptos y simpatizantes para votar y salir con la victoria, pero algunos sectores radicales del partido no permiten la llegada de nuevos dirigentes políticos locales y regionales identificados con las tesis ideológicas del uribismo para aspirar por la colectividad en 2018.

Lo anterior obedece a que tienen diversos requisitos como haber apoyado y defendido el NO en el plebiscito de 2016 y no haber sido santista en el pasado, no vale ni acto de contricción  para un exsantista, donde la mayoría de estos fueron uribistas entre 2002 a 2010 y apoyaron a Santos en 2010 por el apoyo político del uribismo.

El partido Centro Democrático quiere crecer en votos y curules en el Congreso de la República con solo simpatizantes, pero sin dejar llegar a nuevos militantes para ocupar espacios en sus listas al congreso. Porque no se atreven a ser un partido político de derecha abierto y con democracia interna, donde los candidatos no se escojan con bolígrafo, y sin la injerencia de los que se consideran líderes pura sangre uribistas.

 Estos quieren los votos, pero no poner en riesgo su poder al interior del partido, mucho menos que sus ideas radicales sean tomadas y rebajadas por sectores más moderados que los hay también allí, aunque camuflados, y cómo no.

PD: Una perla en el ojal “democrático” a la Uribe!

En Antioquia, a pocos días del cierre de inscripciones para candidatos a la Gobernación de Antioquia, el Centro Democrático le negó el aval a Liliana Rendón tras someterse a las reglas de selección de candidato la cual ganó, pero que sin argumento alguno no se lo otorgaron, sino a otro candidato quien ocupó el segundo lugar en el proceso de selección. ¿Se entiende el proceso de selección de candidato como democracia interna o con bolígrafo?



[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del grupo Presidencialismo y Participación. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

martes, 21 de marzo de 2017

REFORMA POLÍTICA POR, PARA Y DESDE LOS CIUDADANOS

REFORMA POLÍTICA POR, PARA Y DESDE LOS CIUDADANOS

David Jimènez[1]

                                                    En Colombia, el sistema político reproduce la corrupción y clientelismo como regla general, es una práctica política desde 1810. La constitución de 1991, la promesa de transformar la cultura política quedo incumplida, porque la ciudadanía no activa el articulo 40 y 95 de la carta magna en relación a la democracia participativa.

Una corrupción consuetudinaria

Las noticias de corrupción en la historia reciente, no activan la ciudadanía sino a los mismos productores y reproductores de corrupción – los partidos políticos -. Tal como sucedió con la infiltración del cartel de Cali en la campaña presidencial de 1994, con el implicado principal, Ernesto Samper. Luego, en su gobierno crearon la comisión de reforma a los partidos políticos con destacadas figuras como Eduardo Pizarro Leóngómez y Fernando Cepeda Ulloa, de la cual se quedó solo en informes.

 Posteriormente, con la llegada de Álvaro Uribe se hizo la reforma política de 2003 y 2009, la cual se hizo a través del Congreso en un escenario de peor imagen del congreso y de la parapolítica, luego de la visita de los parapolíticos, y las revelaciones de Salvatore Mancuso. Los partidos políticos implicados en la corrupción regular aprobaron reforma constitucional.

Ahora, con los dineros entregados por la compañía Odebrecht, sacados del bolsillo de los colombianos, el gobierno Santos, señalado de recibir financiación ilegal a su campaña política, a través del Ministro del Interior Juan Fernando Cristo, impulsa la enésima reforma política. Así las cosas, son demasiadas las coincidencias históricas.

La “bendita” caducidad

Mientras tanto, los partidos políticos y las campañas políticas que han sido implicadas en casos de corrupción y financiación ilegal, los culpables o responsables, se benefician “providencialmente” de una regla del derecho procesal, la caducidad para presentar demandas o reclamaciones. Lo anterior, es significado de impunidad – penal y política -, y los ciudadanos en otra orilla sin injerencia alguna.

La insurgencia armada, siempre manifestó la convocatoria a una asamblea constituyente, pero ahora ha cambiado tanto de posiciones que avaló el plebiscito y luego de su derrota salió victoriosa, sacando pecho con la refrendación por parte del congreso – institución política con peor imagen ante la opinión pública -.

 Ahora la dirigencia guerrillera ni se inmuta por mencionar la democracia participativa, y menos la constituyente. Al parecer les interesa más las amnistías, indultos, jurisdicción especial de paz y la creación del partido político para disfrutar los beneficios del Estado; y no para luchar por lo que tanto han “vociferado” por décadas.

Al parecer nos encontramos en presencia de una nueva “revolución pasiva,” parecida a lo vivido ya con el M y las otras guerrillas, para recordar y actualizar a Gramsci: cambiar para que todo siga igual, siguiendo las líneas del conde de Lampedusa.

            Entonces, los movimientos sociales y los ciudadanos son los que deben liderar la reforma política, son las principales víctimas de la corrupción y clientelismo, porque la transformación del sistema político y del poder, no tienen caducidad.

 No podemos quedarnos a esperar que los padres de la “patria” representados en los partidos políticos que se pavonean en el congreso de la república, y el presidente Santos con su precandidato presidencial Juan Fernando Cristo, nos digan ahora qué rumbo tomar para cambiar el régimen político, como líderes de la ética y la moral social, cuando sus partidos políticos son protagonistas de primera línea, y han estado salpicados en los principales casos de corrupción del país, incluyendo a las últimas campañas presidenciales cuestionadas, dignos continuadores de la saga iniciada por el ciudadano que caminaba de espaldas.






[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del grupo Presidencialismo y Participación. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

miércoles, 1 de marzo de 2017

LA REFORMA POLÍTICA DEL DESACUERDO

LA REFORMA POLÍTICA DEL DESACUERDO

David Jiménez[1]

En semanas anteriores, el Ministro del Interior Juan Fernando Cristo Bustos que a la vez juega como posible precandidato presidencial por el Partido Liberal, anunció una reforma política que incluía diversos temas como el periodo presidencial de 5 años, eliminación de vicepresidencia, listas únicas y cerradas, voto obligatorio, ciudadanía desde los 16 años de edad, para mencionar los más importantes.

Todo lo anterior ocurrió ya, a pesar que el Nuevo Acuerdo Final suscrito por el Gobierno Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo –FARC EP-, en relación a la participación política, trae consigo una reforma al sistema electoral colombiano (p. 53) , donde se crea una misión especial electoral con 7 integrantes que representen a la Misión de Observación Electoral, el Centro Carter, el Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional y Universidad de los Andes, Instituto Holandés para la Democracia    Multipartidaria.

 El supuesto era que tal instancia iniciaba su funcionamiento una vez se perfeccionará la suscripción del acuerdo, y a las 4 meses siguientes ésta presentaría las propuestas para reformar el régimen y la organización electoral. Sin embargo, dicha misión tan solo fue creada el 16 de enero de 2017 mediante Resolución 0065 por parte del Ministerio del Interior.

Desde su creación, la misión especial electoral no ha realizado una discusión pública y democrática que incluya a los partidos y movimientos políticos reconocidos por el Consejo Nacional Electoral, y mucho menos a los movimientos político-sociales sobre el diseño y construcción de una reforma necesaria para el sistema electoral colombiano.

Al parecer el líder de la reforma política es el Ministro del Interior Juan Fernando Cristo, quien ha depositado la tarea de carpintería en su viceministro, pero la verdad es que este papel lo debe asumir la misión especial electoral de expertos. Así aparece en el acuerdo suscrito el 24 de noviembre de 2016.

Al mismo tiempo, tampoco se conoce una posición pública y oficial sobre la propuesta de reforma política gubernamental del Movimiento Político “Voces de Paz,” quién representa a las FARC EP como voceros para la implementación de los acuerdos.

Además se amenaza con el Fast Track, es una herramienta que reduce los plazos y debate legislativo en relación con las iniciativas legislativas y de acto legislativo en relación con el acuerdo de paz; pero este dispositivo tampoco debe ser una medida para proponer una reforma político-electoral que modifica la constitución política, pasando por alto la participación de los actores políticos y sociales desde el Centro Democrático hasta la Marcha Patriótica.

Mientras existe una concentración mediática y política sobre la Jurisdicción Especial para la Paz, las amnistías y la reforma legal para garantizar el espacio a los voceros de las Farc en el Congreso, el Ministerio del Interior “a la chita callando” lidera un cambio constitucional al sistema político, sin escuchar a las voces autorizadas por el nuevo acuerdo final, traducida en  la “misión especial electoral”. De la cual, por lo demás, no sabemos qué discuten, dónde se reúnen y tampoco si hacen socialización con los partidos de oposición y coalición del gobierno y con los movimientos político-sociales en todo el territorio nacional.

La paz necesita democracia, pero no un remedo de ella, y menos a empellones del gobierno, con un amargo sabor de raponazo. Así no.



[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

sábado, 18 de febrero de 2017

REFORMAS POLITICAS SIN FORMACIÒN POLÌTICA

REFORMAS POLITICAS SIN FORMACIÒN POLÌTICA

David Jiménez[1]

“Si la democracia es el gobierno de las mayorías, ¿cómo es posible que las mayorías estén desprotegidas, y se encuentren en la pobreza o en la miseria?"
Carlos Gaviria Díaz, 10 de abril de 2006, entrevista con la revista Semana.

La gran reforma al sistema político colombiano fue la constitución de 1991, hecha con la promesa de cambiar las realidades del momento, corrupción, violencia, clientelismo, pobreza, garantía de derechos fundamentales, mediante la construcción de una cultura política democrática y participativa.

            El Estado Colombiano aún no se ha transformado, aunque ha logrado la modernización en algunos aspectos económicos y tecnológicos, poco ha cambiado poco o casi nada las ideas y valores como nación.

En las encuestas de opinión pública o en los sondeos de opinión, siempre nuestras instituciones políticas no tienen buena percepción ciudadana, pero todo sigue igual, no cambia nada después de divulgarlas. Todo se debe a la pobrísima formación política de los ciudadanos.

En el escenario pos-constitución de 1991 tenemos varios episodios de infiltración del crimen y la ilegalidad espaciados en el tiempo, pero sintomáticos. Tales como el proceso 8000, la parapolítica, y el caso Odebrecht, por mencionar los más importantes. Entre tanto nada cambia, ni con la reforma política de 2003, y tampoco con la 2009 que modifico el sistema electoral y las reglas de juego para los partidos políticos.

El germen de la corrupción sigue como si nada, sin antídoto para el sistema político colombiano, y empieza de nuevo a agenciarse otra reforma política que por lo empieza a filtrarse no atacará el mal verdadero y palpitante.

La tesis de los politólogos Francisco Leal Buitrago y Andrés Dávila en su gran trabajo titulado “Clientelismo: el sistema político y su expresión regional” de los años 90s del siglo pasado, donde indican que el clientelismo ha sido parte del sistema desde siempre y su reproducción igual, esto quiere decir, que la corrupción política acompaña a la república desde el nacimiento, y nuestro país tiene esa patología o diagnostico político incorporado al sentido común imperante.

La corrupción y el clientelismo consuetudinarios

La reproducción de la corrupción y el clientelismo, se debe principalmente a la falta de formación política democrática y crítica de los ciudadanos. Actualmente, encontramos cómo el Departamento de la Guajira tiene a sus últimos gobernadores elegidos con compra descarada y sistemática de votos para mitigar por días la pobreza de los electores, y rodeados de problemas judiciales, pero nadie ha mirado los niveles educativos de la población guajira.

Tampoco han revisado la oferta y calidad educativa en la educación básica, media y superior; y no solo la que se ofrece en esa región, sino para casi todos los Departamentos y Municipios del país.

Para la transformación de la cultura política, un principal eje fundamental es la transformación del sistema educativo público, donde aparte de los indicadores de calidad educativa que evalúan la OCDE para decirnos si estamos mal o no en matemáticas, compresión de lectura o inglés; se debe dignificar y mejorar de tajo la labor docente, donde los profesores en colegios y universidades publicas sean los mejores y bien remunerados, para que la educación pública de calidad se ofrezca en todos los niveles en todas las regiones del país.

  Es igualmente necesario un modelo educativo que incorpora la autocrítica y critica, y el empleo regular de las estadísticas, orientadas bajo los principios democráticos tanto en las aulas y fuera de estas en la sociedad civil. En ellas debe formarse la joven ciudadanía bajo las premisas de la autonomía individual y colectiva.

Esta es la principal escuela donde se forma políticamente esa gran mayoría de colombianos de estratos 1, 2 y 3, y a la que deben acceder millones de trabajadores, desempleados y campesinos durante los fines de semana, quienes concurran a las aulas de las instituciones de educación pública, si se quiere hacer de Colombia la más educada para el año 2025, como lo declama el actual presidente en todo escenario público.

Unos y otros serán quienes desmonten el poder de las clientelas y la feria de la compra de los votos a una ciudadanía famélica, poniendo en su sitio a las elites políticas y económicas tradicionales, quienes llevan disfrutando de los privilegios del poder del Estado desde el 20 de julio de 1810. Estamos pendientes de la nueva independencia que abra las avenidas de la democracia por y para los muchos.




[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

lunes, 30 de enero de 2017

LAS SANCIONES A LOS CONGRESISTAS, UN DEBATE SIN RESOLVER

LAS SANCIONES A LOS CONGRESISTAS, UN DEBATE SIN RESOLVER

David Jiménez[1]

El código de ética es una herramienta útil para mejorar el desempeño del congreso
Mauricio Lizcano, Presidente del Senado, enero 25 de 2017

Hace una semana que el presidente sancionó la Ley 1828 de 2017, por medio de la cual se expide el estatuto ético-disciplinario del congresista. Las sanciones incorporadas son la amonestación privada, la amonestación pública y la suspensión del cargo entre 10 a 180 días.

Los comportamientos de los congresistas como representantes elegidos democráticamente, deberían ser investigados y castigados por funcionarios públicos autónomos e independientes, porque tal como está el diseño institucional, son los mismos colegas de las comisiones de ética de Senado y Cámara, quienes tendrán que proferir las decisiones. En este caso, con los hechos de la historia reciente del país (auxilios parlamentarios, proceso 8000, parapolítica, “mermelada presupuestal”), que involucra a integrantes del Congreso de la Republica; que los mismos colegas se investiguen entre sí, tal proveído no tiene sentido.

A su vez, el Procurador General de la Nación quien tiene la potestad constitucional de investigar y sancionar disciplinariamente a los congresistas, este es elegido por el Senado de la Republica. Los políticos eligen quien los investiga y sanciona.

En el diseño institucional reciente con la famosa reforma constitucional del equilibrio de poderes no cambio nada para los políticos locales, regionales y nacionales que eligen a los órganos de control como las Personerías, Contralores Territoriales, Contraloría Nacional y al Procurador General desde los concejos, asambleas y congreso, pareciera que los presuntamente responsables tuvieran inmunidad para ser sancionados.

En casos como el plagio conocido muy a menudo en la gestión del congreso colombiano, los congresistas han pasado inmunes, mientras que estudiantes y otras personas que lo han cometido, han tenido que enfrentar procesos penales o disciplinarios o para el caso de estudiantes expulsados de las instituciones de educación superior.

Solo quedan los registros en los titulares de prensa, radio o televisión en las noticias del plagio de los congresistas pero sin sanción alguna, algunos han responsabilizado a su Unidad de Trabajo Legislativo como la ex congresista del Mira Gloria Stella Díaz en 2013.[2]

El primer paso para buscar sanciones ejemplarizantes a los “padres” de la patria, es que los órganos que los investigan y sancionan, no tenga injerencia en la postulación o elección de estos el Congreso de la República ni las asambleas ni concejos municipales y una rendición pública de cuentas real a la ciudadanía desde la gestión legislativa hasta sus negocios e intereses privados.

 Pero como estamos con un obstáculo constitucional, cada vez las circunstancias políticas, económicas y sociales, agitados por la corrupción y el clientelismo político que permea las instituciones políticas, se requiere con urgencia una constituyente social con la participación de los sectores históricamente excluidos. Se trata de transformar el régimen y sistema político, en términos democráticos, para resarcir la promesa incumplida de la constituyente de 1991 de cambiar tanto la cultura como las prácticas políticas correspondientes.




[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com
[2]Ver, Reinoso Rodríguez, G. (2013, Abril 14). El 'copy paste' hace carrera en el Congreso, El Tiempo, http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12740959

sábado, 14 de enero de 2017

CON LA PAZ NO HAY DESACUERDO

CON LA PAZ NO HAY DESACUERDO
David Jiménez[1]

“Gobierno de transición propuesto por las Farc no es viable”. Armando Benedetti, enero 5 de 2017, W Radio

Las negociaciones de paz desde 2012 ha ocasionado debates de quienes se encuentran a favor o en oposición al gobierno nacional, en especial el bloque que representa el actual Presidente Juan Manuel Santos y el expresidente Álvaro Uribe Vélez en su enfrentamiento por los diálogos con las Farc-ep.

En este caso, vale la pena recordar la obra del filósofo Jacques Rancière titulada “El desacuerdo: política y filosofía”. Allí nos explica que existe un desacuerdo cuando no hay un objeto común de las partes, se presenta litigio por ambas.

El acuerdo de paz actual, tiene dos líneas rojas trazadas por la afirmación del gobierno: “el modelo económico y político no se negocia”. El famoso acuerdo de paz no soluciona las causas estructurales de la guerra y el conflicto: pobreza, desempleo, inequidad; por mencionar algunos.

Sin embargo, tiene un punto sobre desarrollo agrario integral, pero este queda sometido a la voluntad presupuestal de los gobiernos de turno, sujetos a la famosa regla fiscal que impide al Estado Colombiano adquirir compromisos que aumenten el déficit fiscal de las cuentas públicas.

El sistema político y económico

Es el causante de los conflictos sociales y las desigualdades mismas, no solo en Colombia sino a nivel global, sumado a la exclusión social y política de millones de trabajadores, campesinos y desempleados. El orden estructural vigente, no fue objeto de discusión en La Habana.

Así, el acuerdo de paz aparece reducido a cómo los guerrilleros entran en un proceso de desarme, desmovilización y reincorporación a la vida civil y política para “gozar” de los indultos y amnistías en la justicia transicional; para eso necesitaban con urgencia el “fast track” en el trámite legislativo.

En cambio, temas tan transcendentales como el salario mínimo de millones de trabajadores y pensionados y la reforma tributaria, ni las Farc, ni tampoco el flamante movimiento político Voces de la Paz fijaron una posición pública al respecto. Al parecer, no quieren tocar las líneas rojas, porque tienen un objeto común que cuidar con el gobierno actual: el statu quo del régimen político vigente desde 1991, y su pareja, la economía de mercado donde se privilegia el gran capital nacional y extranjero. Ambos son intocables para tirios y troyanos.

Cero Debates

Actualmente encontramos cero debates sobre la justicia social y las condiciones de vida de millones de colombianos. Al parecer vamos hacia  una ampliación de la “revolución pasiva,” como dice Gramsci.

Es un lánguido cierre histórico de una guerra de 60 años, sin cambiar el rumbo de las causas del conflicto que se alimentan de la pobreza, el desempleo y la precaria presencia estatal en servicios sociales e infraestructura de calidad en miles de veredas y corregimientos de la otra Colombia.

Por ahora, tres actores: las Farc, la coalición del gobierno Santos y el Uribismo, ninguno pretende cambiar el statu-quo vigente que resume el régimen político y el sistema económico capitalista.

Las discusiones actuales son la forma de hacer de la paz, un simulacro, porque no debaten sobre las condiciones de vida y bienestar de los colombianos que logren una paz y justicia social verdaderas.

La solución es una democracia activa de la sociedad colombiana representada en el hacer directo de millones de ciudadanos, quienes son los que sufren en el campo y la ciudad por sus precarias condiciones de vida, bienestar y salarios, los que resisten todas las exclusiones y padecen todas las discriminaciones.

PD: Al gobierno de transición, no le juegan la coalición del gobierno Santos ni mucho menos el Centro Democrático, el bloque hegemonico del sistema político  



[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

lunes, 26 de diciembre de 2016

IZQUIERDA A LA DERIVA

IZQUIERDA A LA DERIVA

David Jiménez[1]

La sucesión presidencial entre Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos Calderón en 2010, suponía la continuidad de la política de seguridad democrática tras al intento fallido de la segunda reelección de Álvaro, detenida por la Corte Constitucional en ese año. El Santos de 2010, prometió continuar con las políticas de AUV durante el debate electoral de la época, enfrentado con Antanas Mockus.

Sin embargo, la oposición política legal se da entre 2002 a 2010 por parte del Polo Democrático Alternativo, un partido de izquierda, donde se recuerda, alcanzó por primera vez una gran votación en la elección presidencial de 2006 con el exmagistrado Carlos Gaviria Díaz.

Esta fuerza electoral desde entonces se ha ido en caída libre con la aparición y desprendimiento de los “progresistas” de Gustavo Petro en 2011, y, actualmente, con una división interna entre la dirigencia de Jorge Robledo como propuesta de candidato presidencial único para 2018; y el ala contraria representada por Clara López e Iván Cepeda, quien se la juega por un candidato del “acuerdo de paz” para la próxima elección presidencial.

Mientras que, la oposición política del Centro Democrático contra el Gobierno Santos, es reaccionaria “defendiendo” la espalda de un gobierno de derecha. Así, las dos propuestas tienen similar política económica y social, pero las diferencian los estilos de gobernar, y, sobre todo, el acuerdo de paz pactado y refrendado.

Ahora bien, los líderes alternativos representados en el Polo Democrático y el Partido Verde, más se oponen a la reacción en el Congreso que al mismo Presidente Santos. Así las cosas, la oposición de AUV al acuerdo de paz, logró aplicar la regla de Nicolás Maquiavelo “divide y vencerás” a la izquierda colombiana.

En su mayoría, el centro y la izquierda respaldaron al Presidente Santos con la paz y varias de sus políticas; y ahora la actual reforma tributaria, un sector del Partido Verde votó a favor, aunque incluye un notable componente regresivo, más IVA para los pobres, y menos tributo para los grandes conglomerados.

El Presidente Santos no tiene nada de izquierda, pero ha logrado lo que no hizo Uribe en sus 8 años en el poder, dividir la izquierda y quitarle el poder. Ahora con el gobierno Santos, abanderado de la trasnochada “tercera vía”, la izquierda ya perdió su bastión electoral en la Capital, y muchos con ocasión de la polarización Uribe-Santos, terminaron de irse con el presidente actual. Tal como se evidencia con la Ministra de Trabajo Clara López ex candidata presidencial de la izquierda en 2014, y quien ahora protagoniza el triste papel de “campanera” en la fijación del salario mínimo para el año 2017.

Así las cosas, la izquierda anda pérdida en la nebulosa política colombiana. La alternativa se ha vuelto entre Santos o Uribe, derecha o reacción del mismo sabor retrógrado, con diferentes ingredientes y forma de implementación de políticas.

Dicho lo cual, no es nada raro que por la misma existencia del Centro Democrático y Álvaro Uribe a la cabeza de este partido político, el nuevo movimiento político “Voces de Paz y Reconciliación” termine respaldando las políticas gubernamentales, en cuyo caso la alternativa política diferente a la derecha quede a la deriva y cooptada, por ejemplo para respaldar una candidatura de Humberto de la Calle o de Álvaro Leyva.

Una decisión que correspondería al acostumbrado que todo cambie para que todo siga igual en la implementación de los acuerdos de paz: pobreza, desempleo, desfinanciación de la educación superior pública, inequidad y desigualdad social en los campos y ciudades.  
A no ser que la izquierda se atreva a agitar y organizar una propuesta autónoma, que “parta cobijas” claramente; que establezca unos mecanismos viables y creíbles para las fuerzas de izquierda y democráticas de signo diferente, y proponga una fórmula presidencial, en lo posible consensuada, resultado de una consulta previa; es decir una suerte de primarias de la izquierda, la democracia y el centro que acepte las reglas del juego y el impulso consecuente de una constituyente social que demuestre la vocación de ser gobierno para el 2018


[1]  Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

domingo, 18 de diciembre de 2016

EL DEBATE QUE NUNCA LLEGÓ

EL DEBATE QUE NUNCA LLEGÓ

David Jiménez[1]

Desde la derrota del plebiscito del pasado 2 de octubre, el Gobierno Nacional ha concentrado la agenda pública y política en el Nuevo Acuerdo Final, y por la otra orilla económica en el Capitolio Nacional, donde el trámite principal corresponde a la reforma tributaria “estructural”.

Mientras que, por un lado, para la refrendación del Nuevo Acuerdo Final, el debate se concentró entre quienes querían otro plebiscito o referendo, y los que escogieron el congreso.  A la postre, ganó la tesis de que el pueblo participa directamente o a través de sus representantes, como lo establece el art. 3o.
Este fue el argumento intelectual para darle legitimidad a la Rama Legislativa, como los honorables representantes del pueblo. Tal y como se estila en las repúblicas liberales desde la fundación de los Estados Unidos, no confederados, de América.

El Presidente con fama de jugador de póker, sin desatender los compromisos de Colombia con la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económicas –OCDE-, al fin de cuentas, presentó una reforma tributaria, donde se destacaban dos extremos: la creación del impuesto a las bebidas azucaradas, y por la otra, la eliminación de impuesto a la riqueza y aumento del IVA.

El juego real de poder

En el congreso, concluyó en que el lobby de las empresas del sector de bebidas impidió el debate de la iniciativa que la afectaba, lograron salir de la reforma intactos, y los colombianos pobres y más pobres seguirán sujetos a engordar y mal nutrirse con el beneplácito del capital transnacional.

Lo particular, para la paz el congreso es vocero del pueblo, para la reforma tributaria- impuestos a bebidas azucaradas, al parlamento colombiano lo influyen las grandes empresas del sector y poco o nada los ciudadanos. La democracia contemporánea tiene unos problemas históricos, el sector privado financiando campañas políticas e incluyendo con su poder económico en las instituciones del Estado, ocasiona la construcción de una democracia corporativa a favor del gran capital y en contra de los intereses generales de la sociedad.

Para eso, el Ministro de Salud Alejandro Gaviria defendiendo políticamente el impuesto, y el Gobierno del que hace parte, lo deja sin mayorías en el congreso a merced del poder de la industria, al parecer le hace eco a su reciente publicación titulada “Alguien tiene que llevar la contraria”, pero él lleva la contraria no desde el aula de clase sino en el mismo poder del Estado donde no ha logrado una reforma al sistema de salud de mercado vigente.

El miedo a la democracia directa

Por parte de las élites políticas y económicas es grande, por eso impiden que, a través de referéndums o iniciativas populares, los ciudadanos decidan temas de economía y hacienda pública. A pesar de existir en la constitución la soberanía popular, en Colombia, la Ley 1757 de 2015 – Ley de Participación Ciudadana- impide la realización de consultas populares, referendos o iniciativas populares legislativas en relación a temas presupuestales, fiscales o tributarias.

En este caso, los ciudadanos mediante la activación de los artículos 40 y 103 de la Constitución Política, tiene una restricción jurídica, de decidir en asuntos económicos. Los únicos con capacidad de decidir sin tener que pasar por unas elecciones libres, es el gran capital nacional y transnacional. Los que tienen capacidad de pagar “lobby” a personas para que permanezcan en el Capitolio Nacional todo el año, y las empresas privadas financiadoras de campañas políticas, son los que ganan en este juego de cartas marcadas, como le gusta a los tahúres de la política nacional.

Es un mal síntoma para la construcción de una paz estable y duradera, mantener unas instituciones democráticas con voz para privilegiados y poco o nada para las clases subalternas representada en millones de desempleados, pobres, campesinos, trabajadores y estudiantes.



[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

domingo, 11 de diciembre de 2016

LA PAZ CON VETO: UN COMPÁS DE ESPERA.



LA PAZ CON VETO: UN COMPÁS DE ESPERA.

David Jiménez[1]

Los sistemas políticos liberales, con la inclusión del principio de la “separación de poderes”, tiene los poderes de veto institucionales entre las diferentes Ramas del Poder Público. A su vez, el juego político de la democracia también genera los poderes de veto, en este caso, los partidos de oposición al gobierno.

En este sentido, el Congreso de la República aprobó el Acto Legislativo 01 de 2016 con la intención de reducir el tiempo y el número de debates para los proyectos de ley y de reforma constitucional conocido como el “fast track, facultando al Presidente para expedir decretos con fuerza de ley, el Plan Plurianual de Inversiones por 20 años para las zonas afectas por el conflicto. 

Todo lo anterior está en consonancia con los procesos de implementación del Acuerdo Final de Paz. Por otra parte, esta reforma establece que el acuerdo final se hará con base al artículo 3 común de los convenios de Ginebra de 1949, y se somete su vigencia a partir de la refrendación popular.

            Desde días anteriores, se conoció que la ponencia de la magistrada María Victoria Calle mantenía el procedimiento del “fast track” bajo la condición de la refrendación popular, sin embargo, a falta de un pronunciamiento de la Sala Plena de la Corte Constitucional, estamos a la espera de una decisión sobre el alcance y efectos del Acto Legislativo 01 de 2016 por el máximo órgano judicial en Colombia.

La juridización de la política 

No solamente en este acto legislativo, la Corte Constitucional tendrá poder de veto, sino que determinará en sus sentencias los diferentes alcances y límites de las reformas constitucionales y leyes sobre la implementación del acuerdo de paz. En este caso, el Congreso de la República como órgano de representación popular ni el Presidente tendrán la última palabra en relación a la implementación del acuerdo final mediante actos legislativos, leyes y decretos con fuerza de ley.

Sin embargo, no se puede desconocer que, desde los inicios de los diálogos de paz en 2012, el Presidente Santos manifestó en algún momento "Los colombianos tendrán la última palabra sobre los diálogos" (Revista Semana, 2016/02/09), cuando hace unas semanas fue refrendado el acuerdo final por el congreso. A su vez, el espíritu del Acto Legislativo 01 de 2016 en su trámite parlamentario, las ponencias en Senado y Cámara que fueron aprobadas establecen:

(…) los congresistas estamos llamados a desarrollar un mecanismo que permita la implementación, ágil, eficaz y fiel de aquello que los colombianos refrenden en las urnas. No es un tema menor, serán los colombianos quienes previamente y de forma democrática nos den el aval para utilizar estos procedimientos que hoy proponemos con este Acto Legislativo.

El acto legislativo 01 de 2016, desde el inicio de su trámite, estaba claro que la refrendación popular sería en las urnas por parte del pueblo, y darle viabilidad a esa norma constitucional por parte de la Corte, sería desconocer el espíritu de la misma y de sus autores. Porque los cambios de posturas post-plebiscito es el no a la “democracia directa”.

Ahora

                                                       Tanto las Farc y el Gobierno Nacional quedaron temerosos con la “democracia directa” y buscaron la refrendación por el Congreso. En pocas palabras, no activaron el artículo 40, 103 y 374 de la Constitución de 1991, para que se incluya la ciudadanía y a la sociedad en las decisiones para fortalecer la “soberanía popular”. También, los insurgentes de las Farc que pedían a gritos una asamblea constituyente y críticos del régimen político vigente, se sometieron al Poder, reconocen el Estado de Derecho y al Congreso actual como legitimos por encima de la democracia popular directa a la que casi siempre apelaron. 

Mañana, el partido de las Farc, que habrá dejado las armas, en las calles y en el congreso no podrá desconocer decisiones futuras, porque si hoy reconocen el status quo vigente para la refrendación e implementación, sin activar la democracia popular directa de la ciudadanía, al día siguiente no pueden declararlo ilegitimo cuando los poderes públicos elegidos en 2018 y 2022 tomen decisiones que no les convenga o no estén de acuerdo con ellas.


[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com