Mostrando entradas con la etiqueta Plebiscito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Plebiscito. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de marzo de 2016

EL POST-ACUERDO SIN RUTA FIJA

EL POST-ACUERDO SIN RUTA FIJA

David Jiménez[1]

El Presidente Juan Manuel Santos desde su re-elección en 2014, se la ha jugado por la paz, estableciendo como límite el 23 de marzo de 2016 para la firma del acuerdo con las FARC-EP, del que ahora no se mira una posible firma para esa fecha; y donde ni el grupo guerrillero, ni el mismo gobierno dan una fecha tentativa; parece un barco a la deriva sin un norte claro donde la ciudadanía observe el camino para la paz con la principal guerrilla.

Aunque el Ministro del Interior Juan Fernando Cristo afirma en RCN Radio en días pasados “Si no se firma la Paz este 23, tampoco será el fin del mundo de ese proceso”, en lo cual tiene razón, pero él olvida que el proceso de paz involucra a toda la sociedad colombiana que es la principal víctima del conflicto armado, de la cual un sector importante no cree en el proceso de paz ni en el plebiscito.

 Tampoco son los protagonistas en la Mesa de Conversaciones en La Habana, a pesar de reconocer que la población civil es la principal víctima del enfrentamiento entre Estado y grupos armados ilegales en toda esta historia de guerra y violencia[2]. Para definir el rumbo del acuerdo, no solo se debe incluir al Centro Democrático con el expresidente Álvaro Uribe como su vocero.

Ellos representan un sector de la sociedad pero no a toda población víctima. No hay duda que al proceso le ha faltado más democracia, incluir a la sociedad en esta negociación, y ésta misma es responsable por falta de exigencia al gobierno para conseguir la democratización del proceso de paz.

Ahora, el Fiscal General de la Nación, un defensor del proceso de paz del Presidente Santos, salió hace poco, negando la necesidad de la refrendación ciudadana de un acuerdo donde la población civil es la principal víctima, desconociendo la realidad social e histórica del conflicto armado sobre los civiles.

En una democracia, los gobernantes deben tener convergencia con los votantes y la sociedad en general, y sobre todo en un proceso de paz, donde la sociedad jugar un papel fundamental para aceptar y apoyar un eventual proceso de desmovilización y reincorporación a la vida civil de los ex combatientes. Esta no solo debe ser un decisión presidencial, bajo el peregrino argumento que la Constitución no exige la refrendación, sino que es perentorio incluir en la agenda pública y política de los asuntos del Estado y del gobierno a la ciudadanía y a la sociedad civil.

En este sentido, como señala William Ospina en su columna dominical hace unas semanas de El Espectador, el protagonista de la paz es la sociedad colombiana. Sin embargo, no se necesita un tercer personaje para dirimir el conflicto Uribe-Santos como alternativa política llámese Fajardo, Vargas Lleras, Jorge Roble o el que sea. En cambio, se debe buscar la movilización ciudadana no solo para la paz sino para exigirle a los gobernantes y congresistas su participación en los problemas del país en educación, salud, inequidad, pobreza, corrupción.

 Donde no hay guerra, confrontación armada, pero a la sociedad se le arrasa el futuro cada día; cuando la población pobre no sale de su situación económica deplorable, mientras que los más poderosos cada vez aumentan su capital y acumulan riquezas materiales e inmateriales con la ayuda del Estado, el gobierno de turno promete la “democratización política” en las urnas para refrendar los acuerdos de paz.  

En suma, urge que la sociedad civil le fije la ruta a la negociación definitiva de la paz, para llegar a una democracia social y económica donde se aumente la redistribución de la riqueza y se disminuyan las brechas sociales; de lo contrario, el post-acuerdo no tiene la ruta fija.



[1] Politólogo, candidato a magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP-UNAL. E-mail: presid.y.partic@gmail.com
[2] Pizarro Leongomez, Eduardo (2015). Una lectura múltiple y pluralista de la historia. En Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, Comisión Historia del Conflicto y sus víctimas. Bogotá: Ediciones desde Abajo, pp. 82-97

martes, 8 de diciembre de 2015

LA DEMOCRACIA PLEBLISCITARIA POR LA PAZ

LA DEMOCRACIA PLEBLISCITARIA POR LA PAZ

David Jiménez*

Desde hace décadas, en América Latina se habla de la democracia plebiscitaria, un continente con tradiciones populistas y neo populistas que impiden el desarrollo de sistemas políticos democráticos, del cual Colombia no escapa en su historia política reciente.  Ahora con el proceso de paz, el Gobierno Nacional entre las fórmulas de refrendación tales como constituyente, referéndum, plebiscito, optó por esta última para convocar a la ciudadanía.

El plebiscito es una manifestación del pueblo convocada por el Presidente de la República, avalando o rechazando una decisión gubernamental.  Por ahora, el proyecto de ley estatutaria 094 de 2015 Senado – 156 Cámara de 2015, para regular el plebiscito por la paz fue aprobado hace una semana. En los debates de comisiones y plenarias, la coalición de la  Unidad Nacional demuestra mayoría absoluta para aprobar la iniciativa, es un hecho que se ha impuesto en toda la agenda legislativa.

A su vez, el plebiscito es una forma democrática para “oir” la voz del pueblo mediante un “Si” o un “No”; sin ningún tipo de discusión por parte de la ciudadanía. Es una forma incompleta de apelar al pueblo para las decisiones que le convienen al gobierno. La iniciativa aprobada en primer y segundo debate en Senado y Cámara, consagra que el plebiscito por la paz es aprobado por el “si” con la obtención de votos mayor al 13% del censo electoral y le gane al “no”.

El gobierno y su coalición, quieren lograr el apoyo para este mecanismo de participación democrática mediante el mínimo  electoral posible, en un país donde la abstención oscila entre 50% a 40%, de acuerdo con los resultados registrados en las elecciones de carácter nacional o territorial. En pocas palabras, se trata de asegurar el resultado a favor del gobierno, en materia de mecanismo refrendatorio, porque las Farc-ep han insistido en la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.

En el 2003, cuando el Presidente no controlaba la Corte Constitucional, a propósito entonces del Referendo implementado por Álvaro Uribe, muchas de sus preguntas fueron declaradas inexequibles por el alto tribunal, porque éstas confundían a la ciudadanía. Ahora el plebiscito confundirá aún más cuando la opción de la tarjeta electoral será un “SI” o un “No”; pero, en todo caso, vale la pena el interrogante inmediato:

¿La Corte Constitucional avalará la constitucionalidad de ese plebiscito cuya finalidad es el aval popular para las reformas de orden constitucional y legal fruto del proceso de negociación de la paz con las Farc-ep?

La democracia por y para la paz requiere algo más con urgencia, una democracia en términos reales, es decir, con deliberación y participación ciudadana en todos los ámbitos de la sociedad colombiana. La paz no puede usarse como instrumento de manipulación ciudadana por las vías electorales, para justificar las próximas reformas constitucionales en varios tópicos relevantes: justicia transicional, sistema electoral, congreso, entre otros; sino a la construcción de una ciudadanía responsable.

 Finalmente, basta recordar al constitucionalista exiliado en Salamanca, a raíz de la destitución del general Arias Cabrales, Hernando Valencia Villa, para quien las reformas a la constitución colombiana son Cartas de batalla; pero en este caso, un plebiscito para argumentar cualquier clase de reforma a la constitución, llega a “disparar” con pólvora mojada.

El Gobierno Nacional con su  “botín presupuestal”, reducido por la baja de los ingresos fiscales para 2016 por los precios del petróleo y la turbulencia económica internacional, pero “encantado” con el tesoro del bajel San José ; tiene la misión de ganar y movilizar a los votantes a favor de este plebiscito. Lo hará acudiendo a dos estrategias: el apoyo de su bancada de congresistas, compensados con su fórmula de “mermelada en Departamentos y Municipios”; y  utilizando una herramienta efectiva de control de masas, los medios de comunicación, tal como lo ordena el artículo 5 del aprobado proyecto de ley por el plebiscito por la paz. 

Pero, le falta el asentimiento de la contra parte, la insurgencia subalterna de las Farc-EP, que así como lo hizo con el referendo, antes, ahora, dice también no al mecanismo del plebiscito; y se queda sola en la exigencia de una asamblea constituyente, porque la “verdadera oposición”, el Centro Democrático con su prohombre ya defeccionó también en su altisonante petición inicial de una constituyente, hecha a su medida, esto es, con el menor de los riesgos posibles. 










* Politólogo, estudiante de maestría en estudios políticos. Participante externo del GPYP/UNAL. E-mail: presid.y.partic@gmail.com