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sábado, 27 de mayo de 2017

REFORMA POLÍTICA: ¿inmune a la corrupción?


REFORMA POLÍTICA: ¿inmune a la corrupción?

David Jiménez[1]

El acto legislativo 01 de 2009, fue la reacción del Congreso de la Republica contra  la infiltración del paramilitarismo en el parlamento colombiano. Se estableció que, a partir de esa fecha, los partidos políticos responderían por avales cuestionados en relación a candidatos por delitos por colaboración o pertenencia a grupos armados ilegales, narcotráfico o por delitos de lesa humanidad o contra los mecanismos de participación democrática.

            En ese momento, los delitos contra la administración pública o por corrupción no fueron incorporados a la norma constitucional. Tales fueron el peculado, cohecho, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito, prevaricato, entre otros; por lo demás,  tan comunes en las instituciones políticas colombianas.

Desde entonces, la corrupción ha sido imparable, desde el cartel de contratación de Bogotá, la “mermelada”, Reficar y hasta la financiación ilegal de campañas políticas de 2010 y 2014, que son los peores efectos conocidos de la corrupción al interior del sistema político.

La semana pasada

El Ministro del Interior Juan Fernando Cristo radico el proyecto de reforma política en el Congreso, en materia de corrupción, es más de lo mismo. No se crea una responsabilidad para los directivos de los partidos políticos y menos para las organizaciones políticas que avalen a candidatos que sean condenados por delitos contra la administración pública.

Todos seguirán inmunes frente a la enfermedad conocida como “corrupción”, y podrán seguir presentando candidatos sin ningún obstáculo en los Departamentos y Municipios donde sus copartidarios han tenido condenas por corrupción.

A su vez, con la conocida financiación ilegal de campañas presidenciales de 2010 y 2014 por la multinacional brasilera Odebrecht donde nadie resulto ser “santo” en la competencia política por parte de la Unidad Nacional y el Centro Democrático en la conquista de votos.

No se establece como causal de pérdida de investidura y nulidad de la elección a las campañas políticas que violen los topes de financiación, y tampoco tocan esa “bendita” caducidad que ampara de protección a los políticos colombianos una vez se conocen los hechos de corrupción del pasado, y los partidos podrán seguir presentando candidatos a pesar de lo conocido sin ningún problema u obstáculo legal.

Mientras tanto,

El Consejo Nacional Electoral se dedica a sancionar a los partidos y movimientos políticos minoritarios como Alianza Verde o el Polo Democrático y deja inmunes a las organizaciones políticas con mayor representación en el Congreso, sin olvidar que las mayorías parlamentarias, son las que eligen a los magistrados del Consejo Nacional Electoral.

En un sistema político democrático con instituciones débiles, debido a la historia de más de 2 siglos plagado de corrupción y clientelismo, el diseño institucional de la paz gubernamental deja inmune la construcción de unas instituciones fuertes para sancionar las peores prácticas políticas.

Ni la constitución de 1991 del liberal Cesar Gaviria, ni el acuerdo final entre Gobierno Santos y la insurgencia subalterna de las Farc, por lo pronto han logrado cambiar el ejercicio de la política.

Al parecer, vamos a una revolución pasiva en términos de Gramsci, que todo cambie para que todo siga igual. Es, por supuesto, como si no hubiésemos salido del siglo XIX, y que, por el contrario, atendiéramos a los dictados de la Marquesa de Yolombó.  


[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del grupo Presidencialismo y Participación. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

martes, 21 de marzo de 2017

REFORMA POLÍTICA POR, PARA Y DESDE LOS CIUDADANOS

REFORMA POLÍTICA POR, PARA Y DESDE LOS CIUDADANOS

David Jimènez[1]

                                                    En Colombia, el sistema político reproduce la corrupción y clientelismo como regla general, es una práctica política desde 1810. La constitución de 1991, la promesa de transformar la cultura política quedo incumplida, porque la ciudadanía no activa el articulo 40 y 95 de la carta magna en relación a la democracia participativa.

Una corrupción consuetudinaria

Las noticias de corrupción en la historia reciente, no activan la ciudadanía sino a los mismos productores y reproductores de corrupción – los partidos políticos -. Tal como sucedió con la infiltración del cartel de Cali en la campaña presidencial de 1994, con el implicado principal, Ernesto Samper. Luego, en su gobierno crearon la comisión de reforma a los partidos políticos con destacadas figuras como Eduardo Pizarro Leóngómez y Fernando Cepeda Ulloa, de la cual se quedó solo en informes.

 Posteriormente, con la llegada de Álvaro Uribe se hizo la reforma política de 2003 y 2009, la cual se hizo a través del Congreso en un escenario de peor imagen del congreso y de la parapolítica, luego de la visita de los parapolíticos, y las revelaciones de Salvatore Mancuso. Los partidos políticos implicados en la corrupción regular aprobaron reforma constitucional.

Ahora, con los dineros entregados por la compañía Odebrecht, sacados del bolsillo de los colombianos, el gobierno Santos, señalado de recibir financiación ilegal a su campaña política, a través del Ministro del Interior Juan Fernando Cristo, impulsa la enésima reforma política. Así las cosas, son demasiadas las coincidencias históricas.

La “bendita” caducidad

Mientras tanto, los partidos políticos y las campañas políticas que han sido implicadas en casos de corrupción y financiación ilegal, los culpables o responsables, se benefician “providencialmente” de una regla del derecho procesal, la caducidad para presentar demandas o reclamaciones. Lo anterior, es significado de impunidad – penal y política -, y los ciudadanos en otra orilla sin injerencia alguna.

La insurgencia armada, siempre manifestó la convocatoria a una asamblea constituyente, pero ahora ha cambiado tanto de posiciones que avaló el plebiscito y luego de su derrota salió victoriosa, sacando pecho con la refrendación por parte del congreso – institución política con peor imagen ante la opinión pública -.

 Ahora la dirigencia guerrillera ni se inmuta por mencionar la democracia participativa, y menos la constituyente. Al parecer les interesa más las amnistías, indultos, jurisdicción especial de paz y la creación del partido político para disfrutar los beneficios del Estado; y no para luchar por lo que tanto han “vociferado” por décadas.

Al parecer nos encontramos en presencia de una nueva “revolución pasiva,” parecida a lo vivido ya con el M y las otras guerrillas, para recordar y actualizar a Gramsci: cambiar para que todo siga igual, siguiendo las líneas del conde de Lampedusa.

            Entonces, los movimientos sociales y los ciudadanos son los que deben liderar la reforma política, son las principales víctimas de la corrupción y clientelismo, porque la transformación del sistema político y del poder, no tienen caducidad.

 No podemos quedarnos a esperar que los padres de la “patria” representados en los partidos políticos que se pavonean en el congreso de la república, y el presidente Santos con su precandidato presidencial Juan Fernando Cristo, nos digan ahora qué rumbo tomar para cambiar el régimen político, como líderes de la ética y la moral social, cuando sus partidos políticos son protagonistas de primera línea, y han estado salpicados en los principales casos de corrupción del país, incluyendo a las últimas campañas presidenciales cuestionadas, dignos continuadores de la saga iniciada por el ciudadano que caminaba de espaldas.






[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del grupo Presidencialismo y Participación. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

miércoles, 1 de marzo de 2017

LA REFORMA POLÍTICA DEL DESACUERDO

LA REFORMA POLÍTICA DEL DESACUERDO

David Jiménez[1]

En semanas anteriores, el Ministro del Interior Juan Fernando Cristo Bustos que a la vez juega como posible precandidato presidencial por el Partido Liberal, anunció una reforma política que incluía diversos temas como el periodo presidencial de 5 años, eliminación de vicepresidencia, listas únicas y cerradas, voto obligatorio, ciudadanía desde los 16 años de edad, para mencionar los más importantes.

Todo lo anterior ocurrió ya, a pesar que el Nuevo Acuerdo Final suscrito por el Gobierno Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo –FARC EP-, en relación a la participación política, trae consigo una reforma al sistema electoral colombiano (p. 53) , donde se crea una misión especial electoral con 7 integrantes que representen a la Misión de Observación Electoral, el Centro Carter, el Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional y Universidad de los Andes, Instituto Holandés para la Democracia    Multipartidaria.

 El supuesto era que tal instancia iniciaba su funcionamiento una vez se perfeccionará la suscripción del acuerdo, y a las 4 meses siguientes ésta presentaría las propuestas para reformar el régimen y la organización electoral. Sin embargo, dicha misión tan solo fue creada el 16 de enero de 2017 mediante Resolución 0065 por parte del Ministerio del Interior.

Desde su creación, la misión especial electoral no ha realizado una discusión pública y democrática que incluya a los partidos y movimientos políticos reconocidos por el Consejo Nacional Electoral, y mucho menos a los movimientos político-sociales sobre el diseño y construcción de una reforma necesaria para el sistema electoral colombiano.

Al parecer el líder de la reforma política es el Ministro del Interior Juan Fernando Cristo, quien ha depositado la tarea de carpintería en su viceministro, pero la verdad es que este papel lo debe asumir la misión especial electoral de expertos. Así aparece en el acuerdo suscrito el 24 de noviembre de 2016.

Al mismo tiempo, tampoco se conoce una posición pública y oficial sobre la propuesta de reforma política gubernamental del Movimiento Político “Voces de Paz,” quién representa a las FARC EP como voceros para la implementación de los acuerdos.

Además se amenaza con el Fast Track, es una herramienta que reduce los plazos y debate legislativo en relación con las iniciativas legislativas y de acto legislativo en relación con el acuerdo de paz; pero este dispositivo tampoco debe ser una medida para proponer una reforma político-electoral que modifica la constitución política, pasando por alto la participación de los actores políticos y sociales desde el Centro Democrático hasta la Marcha Patriótica.

Mientras existe una concentración mediática y política sobre la Jurisdicción Especial para la Paz, las amnistías y la reforma legal para garantizar el espacio a los voceros de las Farc en el Congreso, el Ministerio del Interior “a la chita callando” lidera un cambio constitucional al sistema político, sin escuchar a las voces autorizadas por el nuevo acuerdo final, traducida en  la “misión especial electoral”. De la cual, por lo demás, no sabemos qué discuten, dónde se reúnen y tampoco si hacen socialización con los partidos de oposición y coalición del gobierno y con los movimientos político-sociales en todo el territorio nacional.

La paz necesita democracia, pero no un remedo de ella, y menos a empellones del gobierno, con un amargo sabor de raponazo. Así no.



[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

sábado, 18 de febrero de 2017

REFORMAS POLITICAS SIN FORMACIÒN POLÌTICA

REFORMAS POLITICAS SIN FORMACIÒN POLÌTICA

David Jiménez[1]

“Si la democracia es el gobierno de las mayorías, ¿cómo es posible que las mayorías estén desprotegidas, y se encuentren en la pobreza o en la miseria?"
Carlos Gaviria Díaz, 10 de abril de 2006, entrevista con la revista Semana.

La gran reforma al sistema político colombiano fue la constitución de 1991, hecha con la promesa de cambiar las realidades del momento, corrupción, violencia, clientelismo, pobreza, garantía de derechos fundamentales, mediante la construcción de una cultura política democrática y participativa.

            El Estado Colombiano aún no se ha transformado, aunque ha logrado la modernización en algunos aspectos económicos y tecnológicos, poco ha cambiado poco o casi nada las ideas y valores como nación.

En las encuestas de opinión pública o en los sondeos de opinión, siempre nuestras instituciones políticas no tienen buena percepción ciudadana, pero todo sigue igual, no cambia nada después de divulgarlas. Todo se debe a la pobrísima formación política de los ciudadanos.

En el escenario pos-constitución de 1991 tenemos varios episodios de infiltración del crimen y la ilegalidad espaciados en el tiempo, pero sintomáticos. Tales como el proceso 8000, la parapolítica, y el caso Odebrecht, por mencionar los más importantes. Entre tanto nada cambia, ni con la reforma política de 2003, y tampoco con la 2009 que modifico el sistema electoral y las reglas de juego para los partidos políticos.

El germen de la corrupción sigue como si nada, sin antídoto para el sistema político colombiano, y empieza de nuevo a agenciarse otra reforma política que por lo empieza a filtrarse no atacará el mal verdadero y palpitante.

La tesis de los politólogos Francisco Leal Buitrago y Andrés Dávila en su gran trabajo titulado “Clientelismo: el sistema político y su expresión regional” de los años 90s del siglo pasado, donde indican que el clientelismo ha sido parte del sistema desde siempre y su reproducción igual, esto quiere decir, que la corrupción política acompaña a la república desde el nacimiento, y nuestro país tiene esa patología o diagnostico político incorporado al sentido común imperante.

La corrupción y el clientelismo consuetudinarios

La reproducción de la corrupción y el clientelismo, se debe principalmente a la falta de formación política democrática y crítica de los ciudadanos. Actualmente, encontramos cómo el Departamento de la Guajira tiene a sus últimos gobernadores elegidos con compra descarada y sistemática de votos para mitigar por días la pobreza de los electores, y rodeados de problemas judiciales, pero nadie ha mirado los niveles educativos de la población guajira.

Tampoco han revisado la oferta y calidad educativa en la educación básica, media y superior; y no solo la que se ofrece en esa región, sino para casi todos los Departamentos y Municipios del país.

Para la transformación de la cultura política, un principal eje fundamental es la transformación del sistema educativo público, donde aparte de los indicadores de calidad educativa que evalúan la OCDE para decirnos si estamos mal o no en matemáticas, compresión de lectura o inglés; se debe dignificar y mejorar de tajo la labor docente, donde los profesores en colegios y universidades publicas sean los mejores y bien remunerados, para que la educación pública de calidad se ofrezca en todos los niveles en todas las regiones del país.

  Es igualmente necesario un modelo educativo que incorpora la autocrítica y critica, y el empleo regular de las estadísticas, orientadas bajo los principios democráticos tanto en las aulas y fuera de estas en la sociedad civil. En ellas debe formarse la joven ciudadanía bajo las premisas de la autonomía individual y colectiva.

Esta es la principal escuela donde se forma políticamente esa gran mayoría de colombianos de estratos 1, 2 y 3, y a la que deben acceder millones de trabajadores, desempleados y campesinos durante los fines de semana, quienes concurran a las aulas de las instituciones de educación pública, si se quiere hacer de Colombia la más educada para el año 2025, como lo declama el actual presidente en todo escenario público.

Unos y otros serán quienes desmonten el poder de las clientelas y la feria de la compra de los votos a una ciudadanía famélica, poniendo en su sitio a las elites políticas y económicas tradicionales, quienes llevan disfrutando de los privilegios del poder del Estado desde el 20 de julio de 1810. Estamos pendientes de la nueva independencia que abra las avenidas de la democracia por y para los muchos.




[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

lunes, 20 de junio de 2016

¿CONSTITUYENTE YA?

¿CONSTITUYENTE YA?
David Jiménez*

La Corte Constitucional en su estudio sobre la constitucionalidad del Acto Legislativo 02 de 2015 conocido como la Reforma del Equilibro de Poderes, decidió mantener el Consejo Superior de la Judicatura.

Sin embargo, el Congreso de la República falló en su intento de reformar el sistema judicial buscando garantizar bajo el “supuesto” de la independencia y transparencia de la Rama Judicial, cuando la problemática radica en la desconfianza ciudadana por las autoridades judiciales, y peor aún, por la impunidad a la hora de investigar y sancionar responsables de cualquier delito, en especial para los delincuentes de “cuello blanco” asociados a las altas esferas del sector público o privado.

En este sentido, sectores políticos como el senador Armando Benedetti indico la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente, para equilibrar al Estado, en pocas palabras, una contrarreforma institucional; pero el asunto no es el funcionamiento del Estado, de cómo llamar a un determinado órgano sea Comisión de Aforados o Comisión de Acusaciones, o cómo elegirlo sea por altas cortes o por congresistas, y determinar sus funciones.

El desempeño de las instituciones políticas colombianas se debe a la patología del sistema político, enfermo de corrupción y clientelismo, porque no se ha logrado cambiar las prácticas políticas que generen una cultura política democrática y crítica del régimen político. En suma, la cuestión no es de diseño institucional, es socio-político.

 Podemos tener burocracias y su funcionamiento igual o similar a los países de la OCDE, pero la calidad sería diferente, son dos sistemas con culturas políticas diferentes.  Solo basta mirar casos, por ejemplo, Alemania durante 2011 renuncio un Ministro acusado de plagio, mientras en Colombia se acusa de plagio a congresistas, ministros o cualquier alto funcionario del Estado y siguen en sus cargos. Esto sucede allí porque en cada país la cultura política y la exigencia ética y moral a los políticos son diferentes.

La Asamblea Nacional Constituyente podría eliminar las funciones electorales de las altas cortes; incluir el concurso público de méritos para elegir altos funcionarios del Estado por parte del Congreso de la República, o cualquier temática semejante; pero cuando el sistema social representando por los ciudadanos funciona conforme con el clientelismo y la corrupción, donde aún se compran votos, se financian campañas políticas de forma ilegal, paralelo con altos índices de pobreza y exclusión, falta de acceso a educación y servicios de salud, no podemos esperar un buen desempeño de las instituciones políticas, porque están reproducen la esencia del sistema.

Si hay pobreza y exclusión; comprar votos en una democracia frágil no es difícil cuando millones de personas no tienen sus derechos fundamentales y seguridad social, mínimamente garantizados y respetados por el Estado.

La constituyente no sólo debe preocuparse por el diseño institucional, sino también de incluir a los sectores históricamente excluidos del sistema político representados en los sindicatos, estudiantes, campesinos, indígenas, afrodescendientes, mujeres, minorías sexuales; donde estos puedan transformar el régimen político para construir una cultura política democrática.

 Para que la comunidad política toda logre incidir en que el Estado deba tener a su cargo la responsabilidad de asegurarle a todo ciudadano sus derechos fundamentales, la seguridad social y los servicios públicos domiciliarios. Revertir el neoliberalismo a favor de la ciudadanía subalterna, porque si tan solo cambiamos aspectos funcionales de las instituciones estatales, cambiamos para que todo siga igual, mientras no se logre una metamorfosis social y política. Esto último pasa por abolir la telaraña de privilegios centenarios.




* Politólogo. Magister en estudios políticos Unal. Participante externo del GPYP Unal/Unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

sábado, 8 de noviembre de 2014

DESEQUILIBRIO O EQUILIBRIO DE PODERES, ¿UN DESTINO MANIFIESTO?

DESEQUILIBRIO O EQUILIBRIO DE PODERES, ¿UN DESTINO MANIFIESTO?

David Jiménez[1]

En el Congreso de la República existen dos iniciativas contradictorias impulsadas por el Gobierno Nacional. La autollamada reforma al equilibrio de poderes y la unificación de periodos entre autoridades nacionales y territoriales.

La primera tiene la intención de acabar con la reelección para todas altas dignidades del Estado en la Presidencia, Órganos de Control y Rama Judicial. La segunda busca promover la reelección de los actuales gobernadores y alcaldes, en contravía del llamado presidencial al “re-equilibrio de poderes”, así como de la prohibición de la re-elección inmediata para alcaldes y gobernadores por los constituyentes en 1991.

Los alcaldes y gobernadores en reelección

Desde 2006, con la aplicación de Ley 996 de 2002 “Garantías Electorales”, se ha visto en la escena la imposibilidad de los órganos de control de ponerle reglas al candidato-presidente, quien cuenta con el poder del Estado y del presupuesto público con su influjo efectivo en la competencia electoral.

Aun así, la promesa re-eleccionista de ampliar periodos a los gobernadores y alcaldes, carece de sentido práctico de acuerdo con el sistema político colombiano. Por un lado, seguimos sin un Estatuto de la Oposición y un Estatuto de Garantías Electorales para todas las fuerzas políticas en Departamentos y Municipios.

El propósito fundamental  es precaver que no se cometan abusos del poder local o regional; o la consabida  corrupción de los procesos electorales donde posiblemente estarán gobernadores y alcaldes en ejercicio actuando al mismo tiempo como candidatos.

Otro riesgo no menor

El otro riesgo es de abusos de corrupción y presión electoral. Los órganos de control como lo son las Personerías, Contralorías y Procuraduría están casi siempre a merced de los políticos, quienes en las corporaciones públicas traman e implementan las fórmulas con las que eligen y nombran a dichos funcionarios, que supuestamente  ejercerán el control a la administración pública. Tal procedimiento de entranda les resta autonomía e independencia, dado el carácter político-electoral de sus nombramientos.
Cualquiera colombiano medianamente informado se pregunta:

¿Cómo será el control a los gobernadores y alcaldes en ejercicio en las elecciones de 2015? ¿Los políticos intervendrán, a favor o en contra de los gobernadores o alcaldes en relección?

Solo basta tener como ejemplo, si un ciudadano interpone una queja disciplinaria en la Procuraduría General de la Nación, esta tiene unos 6 meses para la indagación preliminar y un año para la investigación. Posterior a eso la formulación de cargos hasta el fallo definitivo, es un proceso que puede ser de larga duración, o avanzar con relativa  celeridad, según sea el Personero, Procurador Provincial, Procurador Regional o del Procurador General.

¿Cómo van a obrar los actuales funcionarios que vigilarán las elecciones de 2015, con alcaldes y gobernadores en reelección?

La geografía institucional colombiana con base al desempeño y efectividad de los órganos de control – Procuraduría y Contraloría -, no tiene ni ha tenido nunca la capacidad para vigilar 32 Gobernaciones y más de 1100 alcaldías para evitar nuevos actos de corrupción, delitos electorales y de violación a las normas legales.

Y la tan publicitada  reforma nada propone al respecto, sino que por el contrario ahonda las causas de esta pandemia nacional, que convierte a las plagas más temidas hoy, en juegos de infantes.




[1] Politólogo y Estudiante de la Maestría en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia. Participante externo del grupo presidencialismo y participación de la misma universidad. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

domingo, 26 de octubre de 2014

UNIFICACIÓN DE PERÍODOS: LA GRAN MENTIRA CLIENTELISTA

UNIFICACIÓN DE PERÍODOS: LA GRAN MENTIRA CLIENTELISTA

David Jiménez[1]

La Asamblea Nacional Constituyente en 1991, con el fin de prevenir el clientelismo bajo las estructuras y jerarquías desde el nivel nacional al regional, dado su fortalecimiento y capacidad de conservación del poder político, optó por separar las elecciones nacionales de las territoriales. Ahora, la propuesta de unificar periodos de todas las autoridades, no busca solo que los gobernantes tengan más tiempo para cumplir sus promesas, sino, claro está, profundizar el clientelismo regional y nacional.

La ficción del constituyente derivado y la Unidad Nacional

En la pasada campaña presidencial, el entonces candidato-presidente con el propósito de persuadir a gobernadores y alcaldes propuso ampliar el periodo de estos a 6 años. Dada la inconstitucionalidad de la iniciativa, ahora salen con la invención de una transición donde los actuales pueden participar a la reelección por 2 años y, posteriormente, los periodos quedarían de 6 años igual al del Presidente, en caso de que se apruebe la mal llamada reforma al equilibrio de poderes.

A su vez, uno de los promotores de la iniciativa es la Federación Colombiana de Municipios, que a través de su director Gilberto Toro, una especie de “inamovible,” afirma que la ampliación de periodos permitirá la gobernabilidad dada la parálisis que produce la Ley de Garantías cada dos años. [2]

La verdad es que la parálisis gubernamental se da por la prohibición de la contratación directa, dado que la regla para contratar es la Licitación Pública. De un plumazo desconoce el director Gilberto Toro, el alto porcentaje de utilización de la modalidad de contratación directa que es la práctica descarada en las entidades públicas, con el exclusivo propósito de obviar los procesos abiertos y públicos.

Esta conducta aberrante es advertida por los organismos de control, pero nadie se atreve a cuestionarla por la potísima razón, que la contratación directa permite pagar los favores políticos a los copartidarios de una causa electoral, sin tener que pasar por las indeseables trabas de una licitación. En suma, el problema no es la parálisis gubernamental, sino que no quieren aplicar la modalidad de Licitación Pública en el periodo electoral: ¿A qué le temen, tirios y troyanos?

Por otra parte, la cacareada unificación de periodos permite el fortalecimiento de jerarquías desde un Presidente hasta un edil de una Junta Administradora Local. El resultado es  la obstrucción a la aparición de nuevas expresiones políticas locales y regionales que confronten el proyecto hegemónico presidencialista de turno, y su reproducción hasta el absurdo, por el clientelismo. A través del mal uso del presupuesto público para obtener votos a cambio, por medio de “inversiones envenenadas” en determinados municipios o regiones.

Finalmente, el autodenominado “constituyente derivado”, representado en el desvencijado Congreso de la República busca sustituir la Constitución de 1991, contra viento y marea. Conviene volver a recordarlo, que en ella se aprobó con sabiduría anti-clientelar un período para mandatarios territoriales de 3 años y elecciones separadas a nivel nacional y regional; pero, luego en 2002 a través de acto legislativo se amplió a 4 años.

Ahora los amantes del despilfarro y el enriquecimiento buscan in tuito personae ampliar a 6 años el negocio que desangra las entidades político-administrativas de un república cegatona, dizque con la causa justa de unificar el periodo de elecciones que redundará en buen gobierno.



[1] Politólogo y Estudiante de la Maestría en Estudios Políticos Universidad Nacional de Colombia. Participante externo del grupo presidencialismo y participación. E-mail: presid.y.partic@gmail.com
[2] Palacios Mejía, D. (Octubre 23, 2014). Gobierno logró sacar adelante su promesa, El Colombiano, [en línea] http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/G/gobierno_logro_sacar_adelante_su_promesa/gobierno_logro_sacar_adelante_su_promesa.asp

lunes, 13 de octubre de 2014

TODOS QUIEREN CAMBIAR LA CONSTITUCIÓN

TODOS QUIEREN CAMBIAR LA CONSTITUCIÓN

David Jiménez[1]

El Gobierno Presidencial de la Unidad Nacional, así como los partidos políticos con representación en el Congreso de la República, quieren cambiar la constitución de 1991.  Desde la oposición, se manifiestan al respecto el Polo Democrático[2] , el Centro Democrático[3]  y la Alianza Verde[4] , por la coalición de Gobierno,[5] y  también  los conservadores[6]. Todos quieren  tener “velas en ese entierro”.

El trámite cursado hasta el momento, sin embargo,  es la iniciativa presentada por Juan Fernando Cristo en el Proyecto de Acto Legislativo No 018 de 2014[7]. Pendiente de la aprobación en plenaria para segundo debate en el Senado de la República. El propósito no es pequeño, porque pretende reformar 40 artículos de la carta política de 1991. Evidenciándose, de prosperar, una sustitución del ejercicio constitucional por parte del constituyente derivado, haciendo, en cambio, uso de su facultad constitucional de reformar la Constitución Política.

Los partidos políticos con representación en el Congreso de la República sean de la coalición u oposición, con sus iniciativas de reformar la estructura del Estado definida en 1991,  son casi sin excepción los más desprestigiados ante la opinión pública desde hace décadas y en la historia reciente. Los episodios de la utilización del presupuesto público para obtener votos, la parapolítica, la farcpolítica, la corrupción y el narcotráfico así lo prueban.

En suma, unos y otros no están en condiciones democráticas y políticas para utilizar la figura de acto legislativo para reformar los poderes de los que hacen parte e interfieren en la postulación o designación de los altos funcionarios del Estado. Más aún cuando en los ejercicios preliminares nada se ve al respecto de una verdadera democratización en el ejercicio de los poderes públicos, con una efectiva presencia ciudadana.

Es natural, el sistema político exige reformas democráticas, pero por el constituyente primario – el pueblo mediante referendo  o una constituyente-, sin que obedezca a una norma jurídica anterior y a los apetitos electorales de los gobernantes de turno, quienes deciden a su amaño cambiar las reglas de juego establecidas en el régimen político aún vigente; aunque convertido en un verdadero sayal, una colcha de retazos con algunos remiendos democráticos que son pequeños respiros a un asfixiante autoritaritarismo en progresión geométrica desde los tiempos del primer presidente César Gaviria, y sus sucesores.

Los riegos de la inestabilidad política

Eso sí, los partidos de la coalición u oposición con sus intereses de reformar la constitución y la comisión primera del Senado demostraron que podría trabajar horas y horas de martes a jueves para aprobar con prisa y sin intervención de la ciudadanía y la sociedad civil la reforma a 40 artículos de la Constitución de 1991.

Unos y otros olvidan que estamos a un año de elegir autoridades territoriales donde ya está definido un calendario electoral. Ellos hacen cuentas alegres, y presumen que la Corte Constitucional va a declarar exequible tan desbordada reforma a la constitución de 1991.

Por lo pronto, vale la pena formular  estos interrogantes:
 ¿Qué sucedería si antes de las elecciones de octubre de 2015 la Corte Constitucional declara inexequible la reforma?
¿Qué exigirán las Farc en La Habana para cambiar el sistema  judicial, de gobierno, electoral y de partidos ?

Así las cosas, la solución a la crisis orgánica del sistema político colombiano, es una constituyente para que el pueblo decida si permanece o no el statu-quo. Para lo cual para nada sobra inventariar el estado actual de los ejercicios constituyentes, que motu proprio los grupos y clases subalternas han estado ensayando contra viento y marea.  Tal es la verdadera fuerza constituyente que para nada asoma la cara en los ejercicios auto-complacientes del tradicional “país político”, eso sí, muy dispuesto a trabajar para bien de la “patria”.







[1] Politólogo y estudiante de la maestría en estudios políticos de la Universidad Nacional de Colombia. Participante externo del grupo presidencialismo y participación UNAL. E-mail: presid.y.partic@gmail.com
[2] Proyecto de Acto Legislativo No 22 de 2014 Senado
[3] Proyecto de Acto Legislativo No 19 de 2014 Senado
[4] Proyecto de Acto Legislativo No 12 de 2014 Senado
[5] Proyecto de Acto Legislativo No 18 de 2014,  No 05 de 2014, No 04 de 2014, No 01 de 2014 Senado
[6] Proyecto de Acto Legislativo No 06 de 2014 Senado 
[7] Acumulado con los proyectos de acto legislativo No 02, 04, 05, 06 y 12 de 2014 Senado de reforma al equilibrio de poderes

domingo, 17 de agosto de 2014

LOS CUIDADOS DE UNA REFORMA POLÍTICA



LOS CUIDADOS DE UNA REFORMA POLÍTICA
David Jiménez[1]

Hace varias semanas se anuncia una reforma política para cambiar reglas de juego del sistema político colombiano, merece una re-lectura sobre sus implicaciones. Desde la coalición de Unidad Nacional y la oposición, se escuchan una serie de propuestas que deben ser analizadas, porque adoptarlas traería consecuencias en la calidad de la democracia.

En el 2003 y 2009 se intentó cambiar las reglas de juego del sistema político colombiano. Al parecer quedó corta la reforma para solucionar la crisis orgánica del régimen, pero tampoco puede ser una forma de consolidación de las élites mayoritarias que habitan el Congreso de la República y la Presidencia desde 1810. 

La ampliación de periodos

La ampliación de periodos a las autoridades territoriales y la unificación con el periodo presidencial. Con esta propuesta, se observa que la voluntad del elector el 30 de octubre de 2011 para elegir ediles, concejales, diputados, gobernadores y alcaldes lo hicieron por 4 años y no por 6 años, en caso de ser aprobado la ampliación de periodo por el constituyente derivado es una vulneración a la Constitución de 1991 y a la voluntad popular. 

A su vez, se quieren unificar en una sola elección todos los cargos públicos, sería el regreso a más hegemonía de pirámides y jerarquías políticas, donde el partido político con mayor financiación y presupuesto estatal podría conquistar en un mismo día la Presidencia, gobernaciones y alcaldías y corporaciones públicas; con lo cual las expresiones nacionales y territoriales de disidencia a las “maquinarias electorales” para consolidarse como alternativas de poder serían cada vez difíciles. 

En segundo lugar, la circunscripción electoral para Senado que deja a Departamentos sin senadores, debe ser analizada para que no sea eliminada en su totalidad, para no volver a la Constitución de 1986, donde los senadores representaban feudos electorales en cada Departamento,  aunque ahora muchos senadores concentran la votación en una determinada región, en las últimas elecciones el panorama ha cambiado.

En tercer lugar, incluir el voto obligatorio, no solo debe buscarse para legitimar las elecciones con mayor participación, la abstención es un derecho a los ciudadanos, y sancionar al ciudadano que no vote es congestionar el aparato judicial y administrativo del Estado.

En cuarto lugar, la eliminación del voto preferente. Se sugiere tener cuidado, si los partidos van en listas cerradas, pueden aparecer sectores de extrema izquierda o extrema derecha con posiciones ortodoxas en política y economía que si se sometieran a las urnas, nunca saldrían elegidos. 

El asunto de los avales

Además, los partidos tendrían más poder para otorgar el aval en lista cerrada y las personas que al interior buscan transformaciones en las organizaciones políticas les quedarían más difíciles. Por esa razón, es buscar otra clase de sanciones a los partidos políticos como multas pecuniarias cuando den avales a personas que sean condenadas, exigirles devolución de aportes de campaña provenientes de recursos estatales y medidas como prohibirles presentar candidatos en una determinada elección y circunscripción cuando sus candidatos o gobernantes sean condenados por delitos contra la administración pública.

La silla vacía debe ampliarse como sanción a los partidos políticos, no solo por relaciones con grupos armados ilegales y narcotráfico, debe también aplicarse cuando un edil, concejal, diputado o congresista sea condenado por delitos contra la administración pública y exigirles que devuelvan los recursos por reposición de votos.

Conviene, igualmente, precisar de una vez por todas en qué consiste un juicio político, y hacerlo extensivo a todos los cargos de elección popular, y a quienes desempeñen responsabilidades de gobierno, incluidos, por supuesto, los funcionarios cabeza de las entidades de control,  Procuraduría, Contraloría, y Fiscalía, y, por qué no, a los magistrados de las altas cortes y tribunales, para empezar.

Finalmente, la reforma debe tener en la agenda la lucha contra la corrupción, bajo el fortalecimiento de los órganos de control con independencia política en relación a las demás Ramas del Poder Público para que actúen con celeridad y eficiencia en las denuncias en cada uno de los 32 Departamentos y 1100 municipios.

PD: ¿La reforma política debe incluir las propuestas que resulten de los acuerdos de La Habana sobre participación política de excombatientes, una vez refrendados estos?


[1] Politólogo y Estudiante de la Maestría en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia y participante externo del Grupo Presidencialismo y Participación. E-mail: presid.y.partic@gmail.com