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sábado, 27 de mayo de 2017

REFORMA POLÍTICA: ¿inmune a la corrupción?


REFORMA POLÍTICA: ¿inmune a la corrupción?

David Jiménez[1]

El acto legislativo 01 de 2009, fue la reacción del Congreso de la Republica contra  la infiltración del paramilitarismo en el parlamento colombiano. Se estableció que, a partir de esa fecha, los partidos políticos responderían por avales cuestionados en relación a candidatos por delitos por colaboración o pertenencia a grupos armados ilegales, narcotráfico o por delitos de lesa humanidad o contra los mecanismos de participación democrática.

            En ese momento, los delitos contra la administración pública o por corrupción no fueron incorporados a la norma constitucional. Tales fueron el peculado, cohecho, tráfico de influencias, enriquecimiento ilícito, prevaricato, entre otros; por lo demás,  tan comunes en las instituciones políticas colombianas.

Desde entonces, la corrupción ha sido imparable, desde el cartel de contratación de Bogotá, la “mermelada”, Reficar y hasta la financiación ilegal de campañas políticas de 2010 y 2014, que son los peores efectos conocidos de la corrupción al interior del sistema político.

La semana pasada

El Ministro del Interior Juan Fernando Cristo radico el proyecto de reforma política en el Congreso, en materia de corrupción, es más de lo mismo. No se crea una responsabilidad para los directivos de los partidos políticos y menos para las organizaciones políticas que avalen a candidatos que sean condenados por delitos contra la administración pública.

Todos seguirán inmunes frente a la enfermedad conocida como “corrupción”, y podrán seguir presentando candidatos sin ningún obstáculo en los Departamentos y Municipios donde sus copartidarios han tenido condenas por corrupción.

A su vez, con la conocida financiación ilegal de campañas presidenciales de 2010 y 2014 por la multinacional brasilera Odebrecht donde nadie resulto ser “santo” en la competencia política por parte de la Unidad Nacional y el Centro Democrático en la conquista de votos.

No se establece como causal de pérdida de investidura y nulidad de la elección a las campañas políticas que violen los topes de financiación, y tampoco tocan esa “bendita” caducidad que ampara de protección a los políticos colombianos una vez se conocen los hechos de corrupción del pasado, y los partidos podrán seguir presentando candidatos a pesar de lo conocido sin ningún problema u obstáculo legal.

Mientras tanto,

El Consejo Nacional Electoral se dedica a sancionar a los partidos y movimientos políticos minoritarios como Alianza Verde o el Polo Democrático y deja inmunes a las organizaciones políticas con mayor representación en el Congreso, sin olvidar que las mayorías parlamentarias, son las que eligen a los magistrados del Consejo Nacional Electoral.

En un sistema político democrático con instituciones débiles, debido a la historia de más de 2 siglos plagado de corrupción y clientelismo, el diseño institucional de la paz gubernamental deja inmune la construcción de unas instituciones fuertes para sancionar las peores prácticas políticas.

Ni la constitución de 1991 del liberal Cesar Gaviria, ni el acuerdo final entre Gobierno Santos y la insurgencia subalterna de las Farc, por lo pronto han logrado cambiar el ejercicio de la política.

Al parecer, vamos a una revolución pasiva en términos de Gramsci, que todo cambie para que todo siga igual. Es, por supuesto, como si no hubiésemos salido del siglo XIX, y que, por el contrario, atendiéramos a los dictados de la Marquesa de Yolombó.  


[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del grupo Presidencialismo y Participación. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

martes, 9 de mayo de 2017

EL CENTRO DEMOCRÁTICO: ¿Un partido con cerrojo?

EL CENTRO DEMOCRÁTICO: ¿Un partido con cerrojo?

David Jiménez[1]

“Este partido se llama Centro Democrático por unas circunstancias ahí más o menos fortuitas, pero políticamente es todo, menos de centro. Este partido es de derecha, entiendo yo. Por lo menos, yo me declaro, sin ninguna vergüenza, de derecha dentro de esta confrontación política moderna”
Fernando Londoño Hoyos, Convención del Centro Democrático, Mayo 6 de 2017

El partido Centro Democrático, estrenado en el escenario político y electoral en las elecciones legislativas y presidenciales de 2014, como la principal fuerza de oposición política al gobierno de Juan Manuel Santos, logró, por lo pronto, que un sector de la reacción colombiana, saliera del “closet”, en relación a temas puntuales como la seguridad, la familia y la religión, solo por mencionar algunos. 

            A pesar de no lograr amplias mayorías parlamentarias en Senado y Cámara que le permitieran bloquear el trámite legislativo de sus rivales, ni tampoco ganar las presidenciales todavía, es el partido principal de oposición, dejando al Polo Democrático Alternativo y a la Alianza Verde opacados, y mostrándolos como si fueran aliados de la política gubernamental.

Todo ello, sin desconocer, la llegada de nuevo a la burocracia nacional de personajes de izquierda como Clara López, quien se desempeñó como ministra del trabajo y la seguridad social; y sin olvidar que su alianza contribuyó a la refrendación e implementación del acuerdo de paz por el congreso.

Lista cerrada o con cerrojo “carismático”

La reforma política de 2003 y 2009, dejo a opción de los partidos y movimientos políticos colombianos la presentación de sus listas a cargos de elección popular tales como juntas administradoras locales, concejos, asambleas y congreso si abiertas o cerradas.

Desde entonces, el único éxito electoral presentado en listas cerradas, fue el Centro Democrático en 2014, lo que le ha permitido a su jefe el expresidente Uribe, mantener la disciplina de sus congresistas, al parecer es él, quién decide quien va o no al congreso, y si es cerrada en que ubicación.

            La recién creada misión electoral especial, también propone listas cerradas, pero no está nada definido, como serán los procesos de selección de candidatos al interior de los partidos políticos, si con bolígrafo o democracia interna mediante consultas populares abiertas o cerradas.

Así las cosas, en el Centro Democrático la selección de candidatos al congreso no será por consultas populares abiertas o internas, donde los militantes del partido escojan por democracia los candidatos. Estos estarán en manos de la dirección nacional y el expresidente Uribe, en pocas palabras, con el bolígrafo en mano, no ofrecerán dosis alguna de democracia.

¿Un partido de apertura?

Cualquier partido político como estrategia, recibe nuevos afiliados o militantes permanentemente, les permite crecer electoralmente. El Centro Democrático quiere ganar en 2018, ampliar su participación electoral en Senado y Cámara, que ascienda al 26% de la representación en ambas cámaras,  tendrían mayor poder de negociación e injerencia para el trámite de proyectos de acto legislativo y de leyes que requieran mayoría calificada o absoluta en comisiones y plenaria.

Quieren adeptos y simpatizantes para votar y salir con la victoria, pero algunos sectores radicales del partido no permiten la llegada de nuevos dirigentes políticos locales y regionales identificados con las tesis ideológicas del uribismo para aspirar por la colectividad en 2018.

Lo anterior obedece a que tienen diversos requisitos como haber apoyado y defendido el NO en el plebiscito de 2016 y no haber sido santista en el pasado, no vale ni acto de contricción  para un exsantista, donde la mayoría de estos fueron uribistas entre 2002 a 2010 y apoyaron a Santos en 2010 por el apoyo político del uribismo.

El partido Centro Democrático quiere crecer en votos y curules en el Congreso de la República con solo simpatizantes, pero sin dejar llegar a nuevos militantes para ocupar espacios en sus listas al congreso. Porque no se atreven a ser un partido político de derecha abierto y con democracia interna, donde los candidatos no se escojan con bolígrafo, y sin la injerencia de los que se consideran líderes pura sangre uribistas.

 Estos quieren los votos, pero no poner en riesgo su poder al interior del partido, mucho menos que sus ideas radicales sean tomadas y rebajadas por sectores más moderados que los hay también allí, aunque camuflados, y cómo no.

PD: Una perla en el ojal “democrático” a la Uribe!

En Antioquia, a pocos días del cierre de inscripciones para candidatos a la Gobernación de Antioquia, el Centro Democrático le negó el aval a Liliana Rendón tras someterse a las reglas de selección de candidato la cual ganó, pero que sin argumento alguno no se lo otorgaron, sino a otro candidato quien ocupó el segundo lugar en el proceso de selección. ¿Se entiende el proceso de selección de candidato como democracia interna o con bolígrafo?



[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del grupo Presidencialismo y Participación. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

martes, 21 de marzo de 2017

REFORMA POLÍTICA POR, PARA Y DESDE LOS CIUDADANOS

REFORMA POLÍTICA POR, PARA Y DESDE LOS CIUDADANOS

David Jimènez[1]

                                                    En Colombia, el sistema político reproduce la corrupción y clientelismo como regla general, es una práctica política desde 1810. La constitución de 1991, la promesa de transformar la cultura política quedo incumplida, porque la ciudadanía no activa el articulo 40 y 95 de la carta magna en relación a la democracia participativa.

Una corrupción consuetudinaria

Las noticias de corrupción en la historia reciente, no activan la ciudadanía sino a los mismos productores y reproductores de corrupción – los partidos políticos -. Tal como sucedió con la infiltración del cartel de Cali en la campaña presidencial de 1994, con el implicado principal, Ernesto Samper. Luego, en su gobierno crearon la comisión de reforma a los partidos políticos con destacadas figuras como Eduardo Pizarro Leóngómez y Fernando Cepeda Ulloa, de la cual se quedó solo en informes.

 Posteriormente, con la llegada de Álvaro Uribe se hizo la reforma política de 2003 y 2009, la cual se hizo a través del Congreso en un escenario de peor imagen del congreso y de la parapolítica, luego de la visita de los parapolíticos, y las revelaciones de Salvatore Mancuso. Los partidos políticos implicados en la corrupción regular aprobaron reforma constitucional.

Ahora, con los dineros entregados por la compañía Odebrecht, sacados del bolsillo de los colombianos, el gobierno Santos, señalado de recibir financiación ilegal a su campaña política, a través del Ministro del Interior Juan Fernando Cristo, impulsa la enésima reforma política. Así las cosas, son demasiadas las coincidencias históricas.

La “bendita” caducidad

Mientras tanto, los partidos políticos y las campañas políticas que han sido implicadas en casos de corrupción y financiación ilegal, los culpables o responsables, se benefician “providencialmente” de una regla del derecho procesal, la caducidad para presentar demandas o reclamaciones. Lo anterior, es significado de impunidad – penal y política -, y los ciudadanos en otra orilla sin injerencia alguna.

La insurgencia armada, siempre manifestó la convocatoria a una asamblea constituyente, pero ahora ha cambiado tanto de posiciones que avaló el plebiscito y luego de su derrota salió victoriosa, sacando pecho con la refrendación por parte del congreso – institución política con peor imagen ante la opinión pública -.

 Ahora la dirigencia guerrillera ni se inmuta por mencionar la democracia participativa, y menos la constituyente. Al parecer les interesa más las amnistías, indultos, jurisdicción especial de paz y la creación del partido político para disfrutar los beneficios del Estado; y no para luchar por lo que tanto han “vociferado” por décadas.

Al parecer nos encontramos en presencia de una nueva “revolución pasiva,” parecida a lo vivido ya con el M y las otras guerrillas, para recordar y actualizar a Gramsci: cambiar para que todo siga igual, siguiendo las líneas del conde de Lampedusa.

            Entonces, los movimientos sociales y los ciudadanos son los que deben liderar la reforma política, son las principales víctimas de la corrupción y clientelismo, porque la transformación del sistema político y del poder, no tienen caducidad.

 No podemos quedarnos a esperar que los padres de la “patria” representados en los partidos políticos que se pavonean en el congreso de la república, y el presidente Santos con su precandidato presidencial Juan Fernando Cristo, nos digan ahora qué rumbo tomar para cambiar el régimen político, como líderes de la ética y la moral social, cuando sus partidos políticos son protagonistas de primera línea, y han estado salpicados en los principales casos de corrupción del país, incluyendo a las últimas campañas presidenciales cuestionadas, dignos continuadores de la saga iniciada por el ciudadano que caminaba de espaldas.






[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del grupo Presidencialismo y Participación. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

miércoles, 8 de marzo de 2017

EL PARTIDO DE LA U EN ANTIOQUIA, ¿HERIDO DE MUERTE?

EL PARTIDO DE LA U EN ANTIOQUIA, ¿HERIDO DE MUERTE?

David Jiménez[1]

El Partido Social de Unidad Nacional conocido como – Partido de la U, fundado por Juan Manuel Santos para representar la tesis de Álvaro Uribe Vélez para la relección presidencial de 2006, fue uno de los partidos recién creados con registros de altas votaciones desde las elecciones legislativas de 2006 a 2014, abanderado de la tesis inicial de – seguridad democrática – y, posteriormente, con el imaginario de la paz, le ha generado grandes réditos electorales.

Para el caso de Antioquia, en las elecciones de 2006, en su estreno, logró obtener 3 de 17 curules en la Cámara de Representantes y 2 Senadores-. En el 2007, en coalición, respaldaron a Alonso Salazar para la Alcaldía de Medellín y a Luis Alfredo Ramos Botero para la Gobernación de Antioquia. Ambos con victorias, al ser los cargos más importantes a nivel regional.

Para 2010, el Partido de la U, logra obtener la elección de 4 representantes y 3 senadores, incrementando su representación legislativa en relación a los resultados de 2006. Para 2011, fue el partido mayor votado para la Asamblea Departamental de Antioquia, pero salió derrotado para la Alcaldía de Medellín y Gobernación de Antioquia, enfrentando a Uribe a bordo en el proselitismo electoral y político.

Pero en 2012 todo cambió, cuando el distanciamiento político entre Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos queda en evidencia pública, primero por las negociaciones iniciadas con las Farc, la aprobación del marco jurídico para la paz, y los atentados a Fernando Londoño Hoyos por esa época.

No sobra recordar la convención del Partido de la U, donde hablaron tanto Uribe y Santos en horarios diferentes, y, por supuesto, sus discursos eran diferentes que mostraba la descohesión entre los dos más importantes líderes naturales del partido.

Así, Álvaro Uribe lideró desde 2012 la creación del nuevo partido político – Centro Democrático-, y trajo consigo en Antioquia a un sector del Partido Conservador – Fabio Valencia Cossio, Juan Gómez Martínez y Luis Alfredo Ramos Botero-, y por supuesto, a un sector del partido de la U – Juan Carlos Vélez Uribe-, dejándolo débil electoralmente para las elecciones a congreso de 2014.

Así, el Partido de la U solo eligió 2 representantes y 2 senadores y el Partido Conservador 3 representantes y 3 senadores en relación a sus resultados de 2010. De ese modo, el nuevo jugador – Centro Democrático- ocupó en coalición un nuevo espacio político-electoral.

Recientemente, dos altos funcionarios de la gobernación de Luis Pérez, con caudal electoral, quienes participaron en las elecciones de 2014, migraron del partido de la U, uno para el Centro Democrático y el otro para Cambio Radical. Ahora, el partido de la U en Antioquia solo representa al sector de Germán Hoyos y el representante Juan Felipe Lemos Uribe.

Novedades del CD en Antioquia y proyección nacional

 Con estas novedades, en particular la salida de los dos liderazgos electorales para otros partidos políticos, es evidente, sintomática la crisis del partido de Santos, y el fortalecimiento efectivo, en su lugar, del Centro Democrático en su eje de operaciones de Rionegro donde se experimentó tanto la derrota de Santos en su relección 2014 como en el plebiscito de 2016.

Tales indicadores electorales generan la impresión de que la región que representó y representa el laboratorio de la seguridad democrática, gira más fácil al Uribismo que a los partidos de la Unidad Nacional.

 En especial es indicativo, porque muchos votos del partido de la U, el PSUN, en Antioquia migran al Centro Democrático y a Cambio Radical, animando y fortaleciendo un posible bloque reaccionario, de nuevo con centro de operaciones en Antioquia, contrario a la implementación de la paz pactada en el Teatro Colón en Bogotá, entre el gobierno neoliberal de Santos y las Farc-ep, la insurgencia subalterna más temida, que se dispone a competir electoralmente por la orientación de la sociedad civil nacional.




[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

miércoles, 1 de marzo de 2017

LA REFORMA POLÍTICA DEL DESACUERDO

LA REFORMA POLÍTICA DEL DESACUERDO

David Jiménez[1]

En semanas anteriores, el Ministro del Interior Juan Fernando Cristo Bustos que a la vez juega como posible precandidato presidencial por el Partido Liberal, anunció una reforma política que incluía diversos temas como el periodo presidencial de 5 años, eliminación de vicepresidencia, listas únicas y cerradas, voto obligatorio, ciudadanía desde los 16 años de edad, para mencionar los más importantes.

Todo lo anterior ocurrió ya, a pesar que el Nuevo Acuerdo Final suscrito por el Gobierno Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo –FARC EP-, en relación a la participación política, trae consigo una reforma al sistema electoral colombiano (p. 53) , donde se crea una misión especial electoral con 7 integrantes que representen a la Misión de Observación Electoral, el Centro Carter, el Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional y Universidad de los Andes, Instituto Holandés para la Democracia    Multipartidaria.

 El supuesto era que tal instancia iniciaba su funcionamiento una vez se perfeccionará la suscripción del acuerdo, y a las 4 meses siguientes ésta presentaría las propuestas para reformar el régimen y la organización electoral. Sin embargo, dicha misión tan solo fue creada el 16 de enero de 2017 mediante Resolución 0065 por parte del Ministerio del Interior.

Desde su creación, la misión especial electoral no ha realizado una discusión pública y democrática que incluya a los partidos y movimientos políticos reconocidos por el Consejo Nacional Electoral, y mucho menos a los movimientos político-sociales sobre el diseño y construcción de una reforma necesaria para el sistema electoral colombiano.

Al parecer el líder de la reforma política es el Ministro del Interior Juan Fernando Cristo, quien ha depositado la tarea de carpintería en su viceministro, pero la verdad es que este papel lo debe asumir la misión especial electoral de expertos. Así aparece en el acuerdo suscrito el 24 de noviembre de 2016.

Al mismo tiempo, tampoco se conoce una posición pública y oficial sobre la propuesta de reforma política gubernamental del Movimiento Político “Voces de Paz,” quién representa a las FARC EP como voceros para la implementación de los acuerdos.

Además se amenaza con el Fast Track, es una herramienta que reduce los plazos y debate legislativo en relación con las iniciativas legislativas y de acto legislativo en relación con el acuerdo de paz; pero este dispositivo tampoco debe ser una medida para proponer una reforma político-electoral que modifica la constitución política, pasando por alto la participación de los actores políticos y sociales desde el Centro Democrático hasta la Marcha Patriótica.

Mientras existe una concentración mediática y política sobre la Jurisdicción Especial para la Paz, las amnistías y la reforma legal para garantizar el espacio a los voceros de las Farc en el Congreso, el Ministerio del Interior “a la chita callando” lidera un cambio constitucional al sistema político, sin escuchar a las voces autorizadas por el nuevo acuerdo final, traducida en  la “misión especial electoral”. De la cual, por lo demás, no sabemos qué discuten, dónde se reúnen y tampoco si hacen socialización con los partidos de oposición y coalición del gobierno y con los movimientos político-sociales en todo el territorio nacional.

La paz necesita democracia, pero no un remedo de ella, y menos a empellones del gobierno, con un amargo sabor de raponazo. Así no.



[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

lunes, 30 de enero de 2017

LAS SANCIONES A LOS CONGRESISTAS, UN DEBATE SIN RESOLVER

LAS SANCIONES A LOS CONGRESISTAS, UN DEBATE SIN RESOLVER

David Jiménez[1]

El código de ética es una herramienta útil para mejorar el desempeño del congreso
Mauricio Lizcano, Presidente del Senado, enero 25 de 2017

Hace una semana que el presidente sancionó la Ley 1828 de 2017, por medio de la cual se expide el estatuto ético-disciplinario del congresista. Las sanciones incorporadas son la amonestación privada, la amonestación pública y la suspensión del cargo entre 10 a 180 días.

Los comportamientos de los congresistas como representantes elegidos democráticamente, deberían ser investigados y castigados por funcionarios públicos autónomos e independientes, porque tal como está el diseño institucional, son los mismos colegas de las comisiones de ética de Senado y Cámara, quienes tendrán que proferir las decisiones. En este caso, con los hechos de la historia reciente del país (auxilios parlamentarios, proceso 8000, parapolítica, “mermelada presupuestal”), que involucra a integrantes del Congreso de la Republica; que los mismos colegas se investiguen entre sí, tal proveído no tiene sentido.

A su vez, el Procurador General de la Nación quien tiene la potestad constitucional de investigar y sancionar disciplinariamente a los congresistas, este es elegido por el Senado de la Republica. Los políticos eligen quien los investiga y sanciona.

En el diseño institucional reciente con la famosa reforma constitucional del equilibrio de poderes no cambio nada para los políticos locales, regionales y nacionales que eligen a los órganos de control como las Personerías, Contralores Territoriales, Contraloría Nacional y al Procurador General desde los concejos, asambleas y congreso, pareciera que los presuntamente responsables tuvieran inmunidad para ser sancionados.

En casos como el plagio conocido muy a menudo en la gestión del congreso colombiano, los congresistas han pasado inmunes, mientras que estudiantes y otras personas que lo han cometido, han tenido que enfrentar procesos penales o disciplinarios o para el caso de estudiantes expulsados de las instituciones de educación superior.

Solo quedan los registros en los titulares de prensa, radio o televisión en las noticias del plagio de los congresistas pero sin sanción alguna, algunos han responsabilizado a su Unidad de Trabajo Legislativo como la ex congresista del Mira Gloria Stella Díaz en 2013.[2]

El primer paso para buscar sanciones ejemplarizantes a los “padres” de la patria, es que los órganos que los investigan y sancionan, no tenga injerencia en la postulación o elección de estos el Congreso de la República ni las asambleas ni concejos municipales y una rendición pública de cuentas real a la ciudadanía desde la gestión legislativa hasta sus negocios e intereses privados.

 Pero como estamos con un obstáculo constitucional, cada vez las circunstancias políticas, económicas y sociales, agitados por la corrupción y el clientelismo político que permea las instituciones políticas, se requiere con urgencia una constituyente social con la participación de los sectores históricamente excluidos. Se trata de transformar el régimen y sistema político, en términos democráticos, para resarcir la promesa incumplida de la constituyente de 1991 de cambiar tanto la cultura como las prácticas políticas correspondientes.




[1] Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com
[2]Ver, Reinoso Rodríguez, G. (2013, Abril 14). El 'copy paste' hace carrera en el Congreso, El Tiempo, http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12740959

lunes, 26 de diciembre de 2016

IZQUIERDA A LA DERIVA

IZQUIERDA A LA DERIVA

David Jiménez[1]

La sucesión presidencial entre Álvaro Uribe Vélez y Juan Manuel Santos Calderón en 2010, suponía la continuidad de la política de seguridad democrática tras al intento fallido de la segunda reelección de Álvaro, detenida por la Corte Constitucional en ese año. El Santos de 2010, prometió continuar con las políticas de AUV durante el debate electoral de la época, enfrentado con Antanas Mockus.

Sin embargo, la oposición política legal se da entre 2002 a 2010 por parte del Polo Democrático Alternativo, un partido de izquierda, donde se recuerda, alcanzó por primera vez una gran votación en la elección presidencial de 2006 con el exmagistrado Carlos Gaviria Díaz.

Esta fuerza electoral desde entonces se ha ido en caída libre con la aparición y desprendimiento de los “progresistas” de Gustavo Petro en 2011, y, actualmente, con una división interna entre la dirigencia de Jorge Robledo como propuesta de candidato presidencial único para 2018; y el ala contraria representada por Clara López e Iván Cepeda, quien se la juega por un candidato del “acuerdo de paz” para la próxima elección presidencial.

Mientras que, la oposición política del Centro Democrático contra el Gobierno Santos, es reaccionaria “defendiendo” la espalda de un gobierno de derecha. Así, las dos propuestas tienen similar política económica y social, pero las diferencian los estilos de gobernar, y, sobre todo, el acuerdo de paz pactado y refrendado.

Ahora bien, los líderes alternativos representados en el Polo Democrático y el Partido Verde, más se oponen a la reacción en el Congreso que al mismo Presidente Santos. Así las cosas, la oposición de AUV al acuerdo de paz, logró aplicar la regla de Nicolás Maquiavelo “divide y vencerás” a la izquierda colombiana.

En su mayoría, el centro y la izquierda respaldaron al Presidente Santos con la paz y varias de sus políticas; y ahora la actual reforma tributaria, un sector del Partido Verde votó a favor, aunque incluye un notable componente regresivo, más IVA para los pobres, y menos tributo para los grandes conglomerados.

El Presidente Santos no tiene nada de izquierda, pero ha logrado lo que no hizo Uribe en sus 8 años en el poder, dividir la izquierda y quitarle el poder. Ahora con el gobierno Santos, abanderado de la trasnochada “tercera vía”, la izquierda ya perdió su bastión electoral en la Capital, y muchos con ocasión de la polarización Uribe-Santos, terminaron de irse con el presidente actual. Tal como se evidencia con la Ministra de Trabajo Clara López ex candidata presidencial de la izquierda en 2014, y quien ahora protagoniza el triste papel de “campanera” en la fijación del salario mínimo para el año 2017.

Así las cosas, la izquierda anda pérdida en la nebulosa política colombiana. La alternativa se ha vuelto entre Santos o Uribe, derecha o reacción del mismo sabor retrógrado, con diferentes ingredientes y forma de implementación de políticas.

Dicho lo cual, no es nada raro que por la misma existencia del Centro Democrático y Álvaro Uribe a la cabeza de este partido político, el nuevo movimiento político “Voces de Paz y Reconciliación” termine respaldando las políticas gubernamentales, en cuyo caso la alternativa política diferente a la derecha quede a la deriva y cooptada, por ejemplo para respaldar una candidatura de Humberto de la Calle o de Álvaro Leyva.

Una decisión que correspondería al acostumbrado que todo cambie para que todo siga igual en la implementación de los acuerdos de paz: pobreza, desempleo, desfinanciación de la educación superior pública, inequidad y desigualdad social en los campos y ciudades.  
A no ser que la izquierda se atreva a agitar y organizar una propuesta autónoma, que “parta cobijas” claramente; que establezca unos mecanismos viables y creíbles para las fuerzas de izquierda y democráticas de signo diferente, y proponga una fórmula presidencial, en lo posible consensuada, resultado de una consulta previa; es decir una suerte de primarias de la izquierda, la democracia y el centro que acepte las reglas del juego y el impulso consecuente de una constituyente social que demuestre la vocación de ser gobierno para el 2018


[1]  Politólogo, magister en estudios políticos. Participante externo del GPYP/Unal-unijus. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

martes, 26 de enero de 2016

LA VERIFICACIÓN AL CESE AL FUEGO EN UN CONTEXTO DE POLARIDAD POLÍTICA

LA VERIFICACIÓN AL CESE AL FUEGO EN UN CONTEXTO DE POLARIDAD POLÍTICA

David Jiménez[1]

La semana anterior, se publicó en los medios nacionales, el papel de las Naciones Unidas y  de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños -CELAC- como verificadores y observadores al cese al fuego y proceso de desarme  entre el Gobierno Nacional y las Farc-EP.

A su vez, el Consejo de Seguridad de la ONU  aprobó la participación de esta organización internacional en el proceso de paz en Colombia; la financiación de dicha misión de observación deberá ser asumida por Naciones Unidas en un contexto de bajos ingresos fiscales del Gobierno Colombiano por los precios del petróleo solucionada con la venta de ISAGEN para financiar supuestamente la infraestructura.

Sin embargo, la verificación al cese al fuego, los negociadores y la misma guerrilla deben mirar la oposición que tienen en Colombia al proceso de paz el expresidente Álvaro Uribe Vélez y su partido Centro Democrático, la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares -ACORE-, José Félix Lafaurie presidente de FEDEGAN, por señalar los más importantes.

En otra perspectiva, existen diversas encuestas de opinión pública sobre el proceso de paz, del cual evidencia que la ciudadanía no cree ni acepta lo que está sucediendo en La Habana, demostrándose la falta de apoyo popular al mandato por la paz de Juan Manuel Santos en su relección presidencial.

El plebiscito, para ser un juego electoral y de cálculo político entre votar por la paz o la guerra, está en riesgo; y está claro que lo que se necesita es legitimidad política y social en un proceso de paz que resuelve un conflicto de más de 60 años.

En este contexto, los observadores para la verificación no debe ser solamente la ONU o la CELAC, estos pueden darle garantía a las Farc-EP o al Gobierno, pero vale la pena la pregunta ¿quién le da garantía a los ciudadanos, partidos políticos, gremios económicos y organizaciones sociales?

La respuesta obvia, sería los observadores internacionales, pero por el grado de polarización política, el Gobierno en vez de tener tantos contratos de asesores financiados a cargo del Fondo de Programas especiales para la Paz y buscar que la ciudadanía crea en el proceso de paz, debería fomentar la verificación nacional donde participen los partidos políticos opositores y de la coalición del gobierno, los gremios económicos, las universidades públicas, centros de estudios y organizaciones sociales. Sería muy interesante, confrontar un informe de verificación de la ONU y otro del Centro Democrático y FEDEGAN o de las universidades públicas; estos deberían ser financiados por el Fondo de Programas especiales para la Paz con autonomía e independencia para ejercer actividades.

Los costos de este proceso son altos, pero para buscar legitimidad, se debe incorporar a la oposición política y a la ciudadanía para que sean verificadores, en un sistema político democrático liberal. Es fundamental para las instituciones políticas la voz de la oposición que le da legitimidad, estabilidad y gobernabilidad, si es que eso pretende el Gobierno de la Unidad Nacional.



[1] Politólogo, estudiante de maestría en estudios políticos, participante externo GPYP/UNAL. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

sábado, 8 de noviembre de 2014

DESEQUILIBRIO O EQUILIBRIO DE PODERES, ¿UN DESTINO MANIFIESTO?

DESEQUILIBRIO O EQUILIBRIO DE PODERES, ¿UN DESTINO MANIFIESTO?

David Jiménez[1]

En el Congreso de la República existen dos iniciativas contradictorias impulsadas por el Gobierno Nacional. La autollamada reforma al equilibrio de poderes y la unificación de periodos entre autoridades nacionales y territoriales.

La primera tiene la intención de acabar con la reelección para todas altas dignidades del Estado en la Presidencia, Órganos de Control y Rama Judicial. La segunda busca promover la reelección de los actuales gobernadores y alcaldes, en contravía del llamado presidencial al “re-equilibrio de poderes”, así como de la prohibición de la re-elección inmediata para alcaldes y gobernadores por los constituyentes en 1991.

Los alcaldes y gobernadores en reelección

Desde 2006, con la aplicación de Ley 996 de 2002 “Garantías Electorales”, se ha visto en la escena la imposibilidad de los órganos de control de ponerle reglas al candidato-presidente, quien cuenta con el poder del Estado y del presupuesto público con su influjo efectivo en la competencia electoral.

Aun así, la promesa re-eleccionista de ampliar periodos a los gobernadores y alcaldes, carece de sentido práctico de acuerdo con el sistema político colombiano. Por un lado, seguimos sin un Estatuto de la Oposición y un Estatuto de Garantías Electorales para todas las fuerzas políticas en Departamentos y Municipios.

El propósito fundamental  es precaver que no se cometan abusos del poder local o regional; o la consabida  corrupción de los procesos electorales donde posiblemente estarán gobernadores y alcaldes en ejercicio actuando al mismo tiempo como candidatos.

Otro riesgo no menor

El otro riesgo es de abusos de corrupción y presión electoral. Los órganos de control como lo son las Personerías, Contralorías y Procuraduría están casi siempre a merced de los políticos, quienes en las corporaciones públicas traman e implementan las fórmulas con las que eligen y nombran a dichos funcionarios, que supuestamente  ejercerán el control a la administración pública. Tal procedimiento de entranda les resta autonomía e independencia, dado el carácter político-electoral de sus nombramientos.
Cualquiera colombiano medianamente informado se pregunta:

¿Cómo será el control a los gobernadores y alcaldes en ejercicio en las elecciones de 2015? ¿Los políticos intervendrán, a favor o en contra de los gobernadores o alcaldes en relección?

Solo basta tener como ejemplo, si un ciudadano interpone una queja disciplinaria en la Procuraduría General de la Nación, esta tiene unos 6 meses para la indagación preliminar y un año para la investigación. Posterior a eso la formulación de cargos hasta el fallo definitivo, es un proceso que puede ser de larga duración, o avanzar con relativa  celeridad, según sea el Personero, Procurador Provincial, Procurador Regional o del Procurador General.

¿Cómo van a obrar los actuales funcionarios que vigilarán las elecciones de 2015, con alcaldes y gobernadores en reelección?

La geografía institucional colombiana con base al desempeño y efectividad de los órganos de control – Procuraduría y Contraloría -, no tiene ni ha tenido nunca la capacidad para vigilar 32 Gobernaciones y más de 1100 alcaldías para evitar nuevos actos de corrupción, delitos electorales y de violación a las normas legales.

Y la tan publicitada  reforma nada propone al respecto, sino que por el contrario ahonda las causas de esta pandemia nacional, que convierte a las plagas más temidas hoy, en juegos de infantes.




[1] Politólogo y Estudiante de la Maestría en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia. Participante externo del grupo presidencialismo y participación de la misma universidad. E-mail: presid.y.partic@gmail.com

domingo, 26 de octubre de 2014

UNIFICACIÓN DE PERÍODOS: LA GRAN MENTIRA CLIENTELISTA

UNIFICACIÓN DE PERÍODOS: LA GRAN MENTIRA CLIENTELISTA

David Jiménez[1]

La Asamblea Nacional Constituyente en 1991, con el fin de prevenir el clientelismo bajo las estructuras y jerarquías desde el nivel nacional al regional, dado su fortalecimiento y capacidad de conservación del poder político, optó por separar las elecciones nacionales de las territoriales. Ahora, la propuesta de unificar periodos de todas las autoridades, no busca solo que los gobernantes tengan más tiempo para cumplir sus promesas, sino, claro está, profundizar el clientelismo regional y nacional.

La ficción del constituyente derivado y la Unidad Nacional

En la pasada campaña presidencial, el entonces candidato-presidente con el propósito de persuadir a gobernadores y alcaldes propuso ampliar el periodo de estos a 6 años. Dada la inconstitucionalidad de la iniciativa, ahora salen con la invención de una transición donde los actuales pueden participar a la reelección por 2 años y, posteriormente, los periodos quedarían de 6 años igual al del Presidente, en caso de que se apruebe la mal llamada reforma al equilibrio de poderes.

A su vez, uno de los promotores de la iniciativa es la Federación Colombiana de Municipios, que a través de su director Gilberto Toro, una especie de “inamovible,” afirma que la ampliación de periodos permitirá la gobernabilidad dada la parálisis que produce la Ley de Garantías cada dos años. [2]

La verdad es que la parálisis gubernamental se da por la prohibición de la contratación directa, dado que la regla para contratar es la Licitación Pública. De un plumazo desconoce el director Gilberto Toro, el alto porcentaje de utilización de la modalidad de contratación directa que es la práctica descarada en las entidades públicas, con el exclusivo propósito de obviar los procesos abiertos y públicos.

Esta conducta aberrante es advertida por los organismos de control, pero nadie se atreve a cuestionarla por la potísima razón, que la contratación directa permite pagar los favores políticos a los copartidarios de una causa electoral, sin tener que pasar por las indeseables trabas de una licitación. En suma, el problema no es la parálisis gubernamental, sino que no quieren aplicar la modalidad de Licitación Pública en el periodo electoral: ¿A qué le temen, tirios y troyanos?

Por otra parte, la cacareada unificación de periodos permite el fortalecimiento de jerarquías desde un Presidente hasta un edil de una Junta Administradora Local. El resultado es  la obstrucción a la aparición de nuevas expresiones políticas locales y regionales que confronten el proyecto hegemónico presidencialista de turno, y su reproducción hasta el absurdo, por el clientelismo. A través del mal uso del presupuesto público para obtener votos a cambio, por medio de “inversiones envenenadas” en determinados municipios o regiones.

Finalmente, el autodenominado “constituyente derivado”, representado en el desvencijado Congreso de la República busca sustituir la Constitución de 1991, contra viento y marea. Conviene volver a recordarlo, que en ella se aprobó con sabiduría anti-clientelar un período para mandatarios territoriales de 3 años y elecciones separadas a nivel nacional y regional; pero, luego en 2002 a través de acto legislativo se amplió a 4 años.

Ahora los amantes del despilfarro y el enriquecimiento buscan in tuito personae ampliar a 6 años el negocio que desangra las entidades político-administrativas de un república cegatona, dizque con la causa justa de unificar el periodo de elecciones que redundará en buen gobierno.



[1] Politólogo y Estudiante de la Maestría en Estudios Políticos Universidad Nacional de Colombia. Participante externo del grupo presidencialismo y participación. E-mail: presid.y.partic@gmail.com
[2] Palacios Mejía, D. (Octubre 23, 2014). Gobierno logró sacar adelante su promesa, El Colombiano, [en línea] http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/G/gobierno_logro_sacar_adelante_su_promesa/gobierno_logro_sacar_adelante_su_promesa.asp