miércoles, 4 de julio de 2018

¿POR QUÉ PERDIÓ EL EQUIPO COLOMBIANO?

miguel angel herrera zgaib
profesor asociado, ciencia política, unal
Presidente de la IGS-Colombia
Director del Grupo Presidencialismo y participación, Colciencias/Unijus

En poco menos de 15 días, los subalternos de Colombia se han puesto a prueba, tanto en el escenario de la política representativa, como en el espectáculo del fútbol mundial. En ambos casos se encajaron derrotas, pero de ellas tenemos que aprender como dice la célebre canción.

En ambos casos, en el de la política, como en el del combinado futbolero, las direcciones fueron derrotadas. En un primer caso, por más de dos millones de votos; y en el otro, ayer, por goles pateados desde el tiro penalti.

Pero ambos son los resultados constatables que tienen que ver con estrategias y tácticas erradas, que tienen que ser tratadas, examinadas públicamente. Para ser corregidas en el término de la distancia para construir las victorias futuras.

Hablemos de fútbol

La dirección de la selección nacional ha estado en José Pékerman por varios años. Con él se clasificó para el mundial de fútbol, en dos oportunidades; pero, su saber no fue suficiente para pasar de octavos de final.

En particular, esta vez, en el encuentro con Inglaterra, con los padres del fútbol moderno, quedó claro que la estrategia defensiva, conservadora que planteó para el partido fracasó. Solamente, cuando se estaba en el minuto 75 del encuentro, e hizo el cambio por Muriel, se cambió la fórmula, el contraste fue notorio, con el largo tiempo anterior de un juego insulso e improductivo.

El cabezazo de Yerry Mina empató el partido, mostrando la eficacia de ese libero, fortachón, superespigado, que superó a la defensa de manera inojebtable.

En los siguientes 30 minutos, el equipo de Pékerman volvió al juego del primer tiempo, y en lugar de ganar el partido, y con el agravante de aceptar el arbitraje de un norteamericano, que nunca debió aceptarse como referee, porque aún habitamos "el país de jauja," por creer los directivos en la imparcialidad y omnipotencia de los árbitros, cuando ya existe el "VAR", no el "bar", nos embriagarnos de creencia e impotencia.

La tapa del partido fue el cobro de los penales, y a quiénes se le confió la suerte final. En particular, fue impecable la escogencia de los tres primeros pateadores, así como la soberbia actuación del arquero.

Pero, inexplicable por qué, el director técnico Pékerman, permitió que Carlos Bacca fuera el cuarto cobrador, cuando él mismo había fallado más de una vez, y que además hubiera puesto a debutante a cobrar el tiro definitivo.

Por último, está claro que una figura como James Rodríguez, con su ausencia, debilitó las posibilidades de triunfo, pero ya había funcionado la fórmula del reemplazo en el partido contra Senegal, donde se acompañaron Quinterito y Muriel. ¿Por qué no hacerlo, esta vez, desde el comienzo?

Reflexión comparativa

Los resultados están a la vista. Colombia pudo pasar a los cuartos de final, y los errores de estrategia y táctica, que no fueron corregidos oportunamente lo impidieron.

La política y el fútbol se parecen, en la medida en que se coordinan colectivos humanos, en cuerpo y alma. Lo que supone la intervención en dosis adecuadas de razón, afecto/pasión y preparación corporal adecuada y coordinada.

A la vez ambos haceres contienen una "impajaritable" dosis de fortuna, porque los dos son ejercicios estratégicos, en que uno no puede conocer el todo del rival, en una experiencia de lucha adversarial o antagónica, según fuere el caso. Así dicho, la fortuna se "doma" en lo posible con el cultivo de la virtud, esto es, los saberes aprendidos, controlables.

En esta oportunidad, en los campos de Rusia, asistimos tanto las audiencias como los protagonistas en las gramillas de los bellos estadios que costaron billones de euros, a una evidente revolución en el jogo bonito.

Esta revolución está expresada en la metáfora de el enfrentamiento entre los dinosaurios del fútbol de toque y baile, y el enjambre de abejas que vuelan y pican durante todo el partido.

Como en la política, el fútbol enfrenta de manera planetaria a dos escuela en materia de gobierno o autogobierno de los equipos en la cancha. Una es jerárquica, autoritaria, donde todos trabajan para un rey, quien, se espera que a la postre defina los partidos.

La otra es democrática, ninguno tiene asegurado un puesto, como en la techné de los burócratas, sino que, en cambio, se ejerce la rotación, y el compromiso artístico de todos y cada uno, una voluntad de enjambre y deseo plurales. Esta escuela es la que cultiva el colombiano Juan Carlos Osorio, un pionero, quien por serlo sufrió reproches dentro y fuera de Colombia, pero, quien en Rusia adquirió validación y reconocimiento indudable, avalados con resultados tangibles.

Colofón

A propósito de lo dicho, es necesario agradecer a José Pékerman lo que hizo con las escuadras nacionales, al recuperarles ánimo y confianza para la lucha deportiva, a la vez que compartir con ellas el saber del fútbol argentino de su mejor momento que sucumbió en el anterior mundial, cuando la Argentina de Messi enfrentó a la Alemania de Muller.

Identificado ese atraso Pékerman no incorporó las novedades del mejor fútbol del mundo. La escuela que entre nosotros representa Juan Carlos Osorio, un director técnico difícil, dicen, no lo tocó ni afectó para nada.

Pues, no queda duda, sonó la hora de Osorio, y de los directores técnicos que se le parecen. Tal es el caso del Tite, quien dirige la verde amarella, que, sin embargo, aún tiene los resabios de los dinosaurios mañosos, incrustados en jóvenes como Neymar Jr. Algo de lo mismo se advierte en la escuadra de Croacia, con sus rezagos del fútbol anterior.

Por lo dicho

Es muy probable que lleguen a la final. Siempre y cuando el desgaste físico resultado de las temporadas inmediatamente anteriores, explotados los jugadores por los clubes profesionales en los que juegan, no cobre su precio definitivo.

Del modo como, en efecto ocurrió, en el caso de James Rodríguez, poniéndolo por fuera del momento decisivo, esta vez; o el juego sucio, como pasó con Falcao, expuesto en un partido sin importancia, al hacer criminal de un rival.

El fútbol de los dinosaurios se resiste a morir, en el pensar de los que aún creen que "dar leña" al rival es un ingrediente infaltable, porque éste un "juego de machos," donde las patadas, codazos y cabezazos disimulados son parte de la estrategia triunfadora.

Así se confunde el fútbol con la guerra, y la política con el antagonismo sin solución de continuidad. Tal es la práctica deportiva que ha de morir. Entre más pronto mejor.

martes, 3 de julio de 2018


AMLO PRESIDENTE, AMÉRICA LATINA MARCHA FUERA DEL PROGRESISMO.

miguel angel herrera zgaib
Profesor asociado, C.política, Unal
Director grupo Presidencialismo y Participación
Presidente de la IGS-Colombia

Todas las encuestas vaticinaron que mañana el ganador absoluto de la elección presidencial sería Andrés Manuel López Obrador, un politólogo de la UNAM, exalcalde de Ciudad de México, quien triunfó en el tercer "terco" intento por hacer a un lado al bipartidismo nacido de la revolución mexicana de 1910-1917.

Este bipartidismo cumplió más de 80 años de gobernar, de estar en el poder en México. Empezó con el partido de la revolución que cambió varias veces de nombre, y su oponente histórico, el PAN. Para mantenerse, el PRI incurrió en el fraude, cuando menos desde 1988. Repetía así la causa de la primera gran revolución del siglo XX, cuando Porfirio Díaz, el dictador sempiterno le robó la elección al candidato Francisco I. Madero.

Aquella vez, en 1988, el PRI arrebató a Cuauhtemoc Cárdenas la presidencia, el vástago del último general revolucionario, Lázaro Cárdenas. Después vinieron otros fraudes, contra Amlo, que la primera vez enfrentó a Felipe Calderón, candidato del PAN, en el año 2006, “elegido” con una ventaja de 243.934 votos. Andrés Manuel montó carpas en el Zócalo en protesta, y empezó así a construir el movimiento que con Morena lo llevó a la presidencia.

Después del primer fraude

El partido de Cuauhtemoc, el PRD, se fue desdibujando y deteriorando, aunque llegó a gobernar Ciudad de México. Allí fue carcomido por la corrupción, luego de la alcaldía de AMLO. Desaforado y destituido acusado de autorizar un negocio sin requisitos de ley, en 2005. Fue entonces cuando se presentó como candidato a presidente por la primera vez bajo la divisa del PRD.

Del PRD se desprendió Andrés Manuel, el prísta rebelde, tabasqueño, cuando perdió por segunda vez, esta vez contra el prísta Peña Nieto. Con todo, él fue ganando presencia e influencia defendiendo siempre la causa de los subalternos.

No le fue suficiente a Andrés Manuel salir del PRD, después de haber dejado el PRI, sino que se dispuso a crear una nueva organización, con militantes y dirigentes venidos de diferentes corrientes y tendencias. Para darle, así, norte ideológico, en pluralidad, y permanencia a su disputa por la presidencia de México.

Bajo fórmulas asamblearias, que en parte, aprendieron de la experiencia zapatista del EZLN, se le dio entidad partidista a MORENA, al movimiento de la regeneración nacional, una sigla que recupera la historia de la lucha proletaria subalterna, Fue una lucha paralela con la revolución mexicana, del liberalismo anarquista de los hermanos Flores Magón. Ellos publicaban Regeneración, fuente de debates y orientaciones revolucionarias,

La singularidad de MORENA

Conversando con el profesor investigador, Luciano Concheiro, un militante comunista, de la dirección de Morena desde su fundación, me comentó cómo, la caracterización de la nueva organización, la resolvió una joven militante de base, asistente a la asamblea fundacional.

Había una tensa discusión entre dos tendencias, casi sectarias, las que hablaban de partido, y la que se inclinaban por movimiento como forma organizativa para Morena. El fiel de la balanza para zanjar esta diferencia era Andrés Manuel López Obrador, pero renunció a serlo, así que consultó a la audiencia.

La voz de la joven zanjó la discusión: propuso llamarlo partido movimiento, y todos quedaron persuadidos. Dicho lo cual, este es el doble carácter de la agrupación que con López Obrador, en la tercera oportunidad, aparece como ganadora casi indiscutible mañana, cuando acuden a las urnas más de 89 millones de mexicanos.

Una mirada a las encuestas

Una firma consultora, Mitofsky de Televisa, dirigida por Roy Campos, para nada afecta a MORENA, cuya encuesta reprodujo El Tiempo, indicaba que, sobre una base de 1.000 encuestados, AMLO tenía el 48,1% de favorabilidad.

Lo seguían Ricardo Anaya (PAN), abogado de 39 años, con 25,1%; era el candidato de la reacción neoliberal; y el tercero, José Antonio Meade, un economista y abogado, con una amplia trayectoria burocrática, titular en tres secretarías, ocupó al fin de cuentas el tercer lugar. Era el aspirante presidencial del PRI, con el 22,5% de favorabilidad.

El cuarto lugar lo ocupaba El Bronco, Jaime Rodríguez Calderón, un candidato "palero", como dicen en México, con la expectativa de explotar el sentido común tradicional, para restarle subalternos al voto por Amlo y Morena, pero esta estrategia fracasó. El falsete político de Chente Fernández, se quedó para cantar rancheras en Nuevo León, y soñar con cortar manos a los ladrones.

Una caracterización necesaria

Los rivales definen a López Obrador como izquierdista, pero, la verdad sea dicha, él no lo es. Tampoco es un progresista, mucho menos un socialista del siglo XXI. Pero, sí un nacionalista popular, de una tendencia liberal socializante, que quizás explique el porqué su movimiento recupera la expresión Regeneración de hace más de un siglo.

Fue ésta una publicación del liberalismo radical, casi anarquista, mexicano de comienzos del siglo pasado. Este híbrido ideológico aproxima a Morena, comparándolo con la historia política colombiana, al último programa de Jorge Eliécer Gaitán, el abogado autor de "Las Ideas Socialistas en Colombia", cuando ganó las elecciones de mitaca en 1947. Gaitán se preparaba para disputar la presidencia por segunda vez, pero murió asesinado al año siguiente.

Uno y otro dirigentes, López Obrador y Gaitán, corresponden a la expresión política de sociedades abigarradas, heterogéneas, como lo son todavía, las de América Latina.

Abigarrada es la expresión que empleaba el sociólogo boliviano René Zavaleta, para caracterizar a la sociedad boliviana desde los años 50. Es la definición que recuperó el actual vicepresidente Álvaro García Linera para pensar la transición que orienta Evo Morales, hablar del estado ampliado y la razón de ser del que llama "capitalismo andino" que dirige la burguesía Aymara.

¿Quién ganará la disputa hegemónica?

"México es un país libre y soberano, y nunca será piñata de ningún gobierno extranjero." Palabras de Andrés Manuel López Obrador.

Andrés Manuel y su dirigencia plural han mostrado la habilidad y el músculo político, que apoyados en su carisma, y filiación popular, además del antecedente del gobierno social de la capital mexicana, lo colocan hoy en la presidencia de la segunda economía de América Latina.

Esta disputa por la hegemonía, primero, en la sociedad política, la tradujo con la organización Morena, en articular todas las fuerzas subalternas, urbanas y rurales, a lo largo y ancho de la república, con la promesa de combatir la corrupción, la inseguridad, y recuperar el desarrollo social de México.

Con una renegociación del TLC, y una redirección del modelo extractivista y especulativo que tuvo como capitán visible al potentado Carlos Slim. Ahora, AMLO gana haciendo pareja con un nuevo capitán de industria, Alfonso Moro Garza, el sobrino nieto del legendario presidente burlado, Francisco I. Madero, autor del Plan de San Luis de Potosí.

Tal fue el paso más definitivo, su aproximación con un sector clave del empresariado mexicano; su conversación con Alfonso Moro, hoy coordinador general del proyecto de nación, 2018-2024. Poncho, y los industriales que respaldaron el Frente Ciudadano tendrán su cuota en el nuevo gobierno.

Él es el garante de parte de la burguesía nacionalista, de la unidad de pobres y pequeña burguesía, deprimidas y orilladas, con una parte del capital financiero y agroindustrial del norte de México, que toma distancia del gigante del Norte, y abre al país al capitalismo global.

Los campesinos, indígenas y la población de las grandes ciudades, los más perjudicados por el TLC, celebraron la victoria de AMLO como propia, llenando una vez más el Zócalo. Es decir, 67 millones de pobres, alineados con el programa del tabasqueño.

Él tiene especial empatía con todos, y sus luchas. Para los más golpeados, él ha ofrecido, cuando sea presidente en funciones, precios de garantía, para reanimar su vida y economías locales. Le llegó la hora, puesto que Morena después de la elección punteará en todo.

A sacar el buey de la barranca

"Su estigma (el de Amlo) es más de luchador social, que no tiene que ver con la guerrilla." Roy Campos, director de la encuestadora Mitofsky.

El plan económico y social que une a grupos y clases subalternas, con parte considerable del empresariado nacionalista mexicano, tiene que sacar al país de la pobre productividad del 2.0 %.

La expectativa es alcanzar en el corto plazo el 3.5 %. Poncho y Amlo alinearon, con comprobable éxito, persuadiendo al 80% del empresariado en un Frente con el proyecto de Morena. Y los mercados, el lunes 2 de julio han respondido bien, a la confianza interclasista sellada con el triunfo de Ándres Manuel.

Es el resultado, dice el empresario Alfonso Romo Garza, de la elaboración de un plan trabajado por más de 9 meses. Discutido y aprobado en la reunión del Auditorio Nacional, entre 100 empresarios, y 90 militantes de Morena. Entre ellos constituyeron el Frente Ciudadano, y ganaron las elecciones del 1o. de julio, para avanzar enseguida en la recuperación de México.

El resultado del TLC con Canadá y Estados Unidos no mejoró la vida de los pobres y los trabajadores mexicanos, por lo que será renegociado con Trump. Millones han seguido la ruta hacia el norte, en busca de una vida mejor, y ambos presidentes les interesa transformar la sobrevivencia económica y social de sus connacionales.

Porque la debacle neoliberal impulsó la emigración mexicana y centroamericana, hasta alcanzar una población de mexicanos superior a los 15 millones con asiento en los estados colindantes con el río Grande. Los pobres han avanzado oleadas sucesivas hacia el este y el centro de la república federal americana. Estos ilegales transhumantes se “refugian” en las ciudades santuario como Los Angeles, San Francisco, Nueva York, o Chicago.

López Obrador, proclamado presidente, tendrá que entrar a tratar con su rival fronterizo, Donald Trump, quien ayer mismo llamó a felicitarlo. Es el colofón que termina con el muro, que pretendía impedir el éxodo de mexicanos y pobres de toda Latinoamérica y el mundo hacia la egoísta metrópoli imperial.

Antes, el güero tuvo que suspender la separación brutal de los niños de sus padres, cuando juntos traspasaban la frontera que los ponen en contacto con el sueño americano, arriesgando su vida enfrentados al desierto y a los vigilantes dispuestos a cazarlos como a liebres de la pradera.

Con este triunfo

Se romperá el cuadrilátero de hierro neoliberal, que en la política regional conforman Chile, Perú, México y Colombia, gobiernos aliados de la república imperial estadounidense.

La expectativa del nuevo presidente abre también un compás de espera que enfrenta la pretensión de romper el proyecto alternativo de organización continental del presidente Chávez en su momento de ascenso y protagonismo internacional.

Es el tiempo de renegociar los TLC con Norteamérica, y de repotenciar los proyectos Unasur y Celac, cuyo desmonte pregonan desde la OEA, Luis Almagro e Iván Duque, el presidente de Colombia recién electo, quienes tienen a la república bolivariana de Venezuela entre ceja y ceja. Aprovechan tanto los errores de política como la destorcida del modelo extractivista minero energético, que le ha tocado enfrentar el gobierno del presidente Nicolás Maduro.

Sin embargo, la elección presidencial es mañana, y lo demás son conjeturas, que tienen que ser ratificadas en las urnas. A partir del 1o. de julio, América Latina no será la misma. La mirada hacia el norte tendrá como referente otra luminaria.

El triunfo futbolero mexicano, con la dirección del colombiano Juan Carlos Osorio, será un grato antecedente de una asociación que ayude en lo político a rectificar el rumbo del triunfo coaligado de la reacción y la derecha de Colombia, cuyos ademanes preliminares han sido los de querer patear el tablero de la paz.

La relación con el México de Morena permitirá que la democracia colombiana equilibre el falso triunfalismo del bloque de la guerra y el neoliberalismo hirsuto.

sábado, 23 de junio de 2018


ELECCIÓN PRESIDENCIAL, LETANÍA DE LA CLASE MEDIA.

Miguel  Angel Herrera Zgaib
Director Grupo PyP
Profesor asociado, C. Política, Unal.

                                                                   Nunca antes estuvimos más cerca en Colombia, de producir un cambio en materia de representación política, que el pasado 17 de junio. Todo empezó a perfilarse, en dos escenarios previos, el primero, marcado por la elección al congreso, y el segundo, por la primera vuelta presidencial. 

En ambos casos probaron fuerzas destacamentos políticos de la reacción, la derecha, el centro, el liberalismo y el progresismo.

Estas nomenclaturas provisionales permitieron también, por primera vez, en un escenario nacional, con el menor número de acciones bèlicas, probar las actuaciones propias del llamado binomio gobierno oposición. 

Una experiencia que sólo vivió una cortísima luna de miel con la presidencia de Virgilio Barco, que coincidió con la más cruda embestida político terrorista comandada por Pablo Escobar.  Opuesto a la extradición que empezó con el gobierno de Belisario Betancur, a raíz del asesinato del exministro Rodrigo Lara Bonilla.

La segunda vuelta

Como antesala a la segunda vuelta vivimos los alinderamientos  de las diferentes fuerzas, que concluyeron ordenados para el “combate de la representación” en dos campos:  la guerra y la paz.  Uno bajo el doble liderazgo de Duque/Uribe, y el  otro con la conducción de Petro/Robledo.

Entre uno y otro, los bloques de la guerra y la paz, el  liberalismo que tuvo a Humberto de la Calle como campeón, por una parte,  torció el brazo por el voto en blanco; mientras que la mayoría congresional, siguió a su jefe, César Gaviria  quien votó por Iván Duque, dejando al partido de las reformas boquiando.

 La Coalición Colombia, con dos de sus principales adalides, Sergio Fajardo y Jorge Enrique Robledo, hicieron lo propio, al hacer público su voto en blanco, a contravía de la mitad de sus huestes, y  Robledo, de lo dispuesto por la mayoría del PDA. 

En resumen, los dos no acompañaron lo que decidieron los demás líderes de la coalición, Antanas, Claudia y Antonio,  preocupados los tres, por anticipado, eso sí, por la suerte de la alcaldía de la capital.
Nomenclatura de las clases

Entre los años 2010 y 2018, en materia político procesual, Colombia experimenta un tiempo definido, usando a Gramsci, como una coyuntura estratégica, la principal del último medio siglo, puesto que corresponde al desenlace de una crisis de hegemonía de la dominación de signo bipartidista.

Pues bien, leída esta coyuntura en términos socio-políticos,  se viene produciendo una mutación en el sentido común dominante sobre la pequeña burguesía, sujeta por casi dos siglos a una tutela ideológica bipartidista. 

En este ciclo eleccionario, esta clase media se partió en dos:  un contigente variopinto tomó el rumbo marcado por la alianza estratégica de la reacción y la derecha; y el otro, siguió el que le indicó el progresismo liberal y la izquierda democrática.

 Hechas las cuentas, tomando como referencia a la segunda vuelta, se hizo evidente que las dos terceras partes de la pequeña burguesía se inclinaron por favorecer la opción reaccionaria, y fortalecieron sus prejuicios anti-igualitarios, lo que significa bloquear el desarrollo progresista de la Constitución de 1991, en particular los artículos 11, y 13. 

La pequeña burguesía en sus diversos sectores sigue sin entender que puede ser la igualdad social, puesto que rema y sobreagua en un mar de privilegios, cuya parte de león conservan siempre la reacción y la derecha.

De otra parte, revisando el conjunto de los grupos y clases subalternas de Colombia, presentan también una disonancia histórica que es casi constante, dos terceras partes de los pobres del campo y la ciudad, alrededor del 40 % no votan, se abstienen, son indiferentes a la suerte de la política entendida como cambio o continuidad del gobierno periódico. 

Porque, el grueso de los subalternos,  poco o casi nada esperan de las elites políticas gobernantes, en el sentido que sus decisiones  puedan modificar en lo sustancial a una nación que según estadísticas confiables, es la tercera más desigual de la tierra.

Los pobres “no comen”  cuento

Hay razones más que suficientes para que lo piensen así. En particular, el antecedente más significativo es la Constituyente que se tradujo en la Constitución de 1991, que pronto cumplirán 27 años, en la medida en que el Estado se comprometía con crear las condiciones para que la igualdad fuera real y efectiva, y en la acción afirmativa a favor de las minorías y de los niños. 

Nada de esto ocurrió. Bajo estas faltas inocultables ganó momento la candidatura del progresista de la  Colombia Humana, el provinciano de Ciénaga de oro y Zipaquirá, Gustavo Petro. Él logró movilizar parte de la multitud subalterna,  el respaldo de parte de los pobres organizados, pero su incidencia fue mucho menor en los que no, en los que reparten su angustia cotidiana en las barriadas, en las comunas y localidades más deprimidas.

En ellas cohabitan, se apiñuscan, sobreviven  8 millones de desplazados, y unos 8 millones de excluidos consuetudianarios,  quienes desde el Frente nacional, carecen de  uno o varios servicios sociales básicos,  salud, vivienda, educación, trabajo, y,  refuerzan el sentido común de la dominación, con la cortina de varias religiones reveladas, y sus respectivas sectas.

¿Cómo se alimenta la corrupción?

Gustavo Petro, para  poner en crisis la campaña política que monopolizaba la corrupción, que abanderaba la Coalición Colombia, advirtió que el verdadero modo de combatirla, el más eficaz  era romperle el espinazo al que el grupo presidencialismo y participación denominó régimen parapresidencial, diferenciándonos de los que postulan que el colombiano es un estado mafioso.

En efecto, la derrota del bloque de la paz, con Petro a la cabeza, por algo más de 2 millones, señala que la corrupción ha obtenido una nueva victoria. A los pocos días, este jueves, el Fiscal de la nación, vinculado de antaño con Cambio Radical, cumplió con informar de la corrupción política electoral, nucleada en la costa atlántica, después de muerto el gran barón conservador clientelista,  Gerlein Echeverría, quien dejó una “digna” sucesora, Aída Merlano. 

Pero, el fiscal Martínez  señaló que los anillos de la corrupción tienen una suerte de expansión radiada, llegando hasta  el departamento del Valle del Cauca, donde la senadora María Fernanda Cabal fue rozada por el rumor.

El nuevo presidente, Iván Duque, elegido con  la colusión de todos los corruptos, como lo recordó su rival,  y lo gritó Claudia López, quien aspira a competir como aspirante a la alcaldía de Bogotá, y recibió un “putazo” del senador hijo de el exgobernador de Antioquia, dijo que estará en la campaña anticorrupción que arranca en poco tiempo. Así las cosas,  los corruptos desaparecen de la vista. Porque el bloque de la guerra señala con suficiente cinismo que allí no hay corruptos.

La verdad es, ni más ni menos, que  el régimen para-presidencial continúa, se perpetúa con el concurso voluntario de buena parte de la pequeña burguesía que hizo causa común con la oligarquía dizque para preservar su propiedad privada, y sus libertades individuales. 

Amenazada la clase media por un "embozado" castro-chavista, Gustavo Petro, el exguerrillero que fue torturado durante la presidencia de Julio César Turbay, de quien fue gobernador de Antioquia, el progenitor del  actual presidente.

La pequeña burguesía se disfrazó de centro y de blanco, y  el resultado está a la vista. Sigue presa de la vulgata neoliberal. Está sujeta  a la hegemonía económica de la propiedad privada sacrosanta e inviolable; todavía siente escalofríos ante la función social de la propiedad consagrada por el orden constitucional colombiano desde 1934. 

El reformismo  social y económico no son de buen recibo, porque supone poner en entredicho el ascenso social  de los diversos sectores de la clase media que aspiran a ser burgueses a plenitud.

Los cuatro años que arrancaron en 2018, tiene a la disputa hegemónica como primera gran tarea a conseguir para desbloquear el curso debido de la revolución democrática, que quedó estacanda entre el escila y el caribdis de los pobres subalternos y la pequeña burguesía.

Así, el bloque en el poder se recompone, con una transacción entre Uribe, Santos, y su canoso procónsul, Iván Duque. Ahora corresponde a la oposición una tarea hercúlea, y a los subalternos que la animan mover una  inmensa reforma intelectual y moral que tiene en la universidad pública el catalizador principal, y en la economía campesina su palanca principal .